El segundo día de I Know I´m Just A Singer-Songwriter [But I Like It] comenzó para mí con la escucha de la última canción de una Victoria Williams en camisón, tema que quedó oculto por la machacona repetición del disco "Never Gonna Let You Go" de Stacey Earle and Mark Stuart, a quien se me pareció bastante. ¿No había otro disco en toda la Joy para amenizar las esperas entre concierto y concierto los dos días del festival?

A mí Christina Rosenvinge me gustó mucho, nunca la había visto en directo, y me pareció perfecta en su papel. Los que se aburren con ella no sé si esperan que cante canciones de King Africa o qué, porque a mí me parece que su directo es fiel a sus discos y a su estilo. Simpática, con unos pantalones de Zara (según decían unas chicas que tenía yo detrás), repartiéndose entre la guitarra y el piano, repasó sobre todo su soberbio "Tu labio superior", logrando con alguna canciones mejorar en formato acústico la electricidad del disco. Joy y el ambiente relajado eran el mejor marco posible para sus historias de niñas malas, que hoy me recuerdan a los cuentos de Silvina Ocampo, que acabo de terminar.

Luego salió Josh Rouse, el deseado, tan correcto en sus interpretaciones que parecía la grabación de un desenchufado de la MTV. Hizo una magnífica versión muy spanish harlem del clásico de Bola de Nieve, Messié Julián, que casi parecía interpretada por Paul Simon, y que no se puede mezclar, por mucho que esté cantada en nuestro idioma, con la mamarrachada de la canción esa de loa a Valencia, en la que Rouse parece Carlos Latre imitando a Georgie Dann. Pero, quitando esa canción, el concierto tuvo muy buenos momentos, porque sus canciones son realmente buenas y el grupo sabía perfectamente lo que tenía que hacer sobre el escenario. Quizá el concierto no alcanzó en su conjunto la emoción de otros anteriores -comentaba la gente-, ni cantó 1972, pero yo me lo pasé muy bien.
