Hace un par de días, tras ver la limitada exposición sobre los doscientos años de Larra, me pasé por el Moby Dick acompañado por una sofisticada devoradora de morcilla y lectora de Bolaño. Bueno, en realidad el acompañante era yo, que no conocía al grupo. Ella, en cambio, es una grupi, y me hacía aplaudir como si estuviera en el Molinón.

Aunque a nadie le sorprenda ya un ukelele, sigue siendo tremendamente atractivo su sonido, y este grupo, con el complemento del violín y el cello, construye melodías preciosas gracias a él. Comedidos y algo fríos por momentos, dirigidos por el cantante ukekelista y su clon pianista (Parada y su pianista serían la versión horrenda pesadilla de ambos) -los dos con un soberbio alisado japonés-, el grupo iba tocando todas las canciones del estupendo (ahora que lo estoy escuchando en Spotify) "The Sleeper", alternando bellas tonadas de pop cristalino con retazos cinematográficos y folk setentero. Joyas como Save It For Someone Who Cares hicieron al más pintado contonearse sonriendo, y eso es la música.
Y la elegancia de acabar con Something nos hizo todavía más felices. Mi amiga y yo nos fuimos del local hacia el metro hablando de lo buenas personas que parecen los miembros del grupo, sobre todo ese batería tan majo y, claro, de lo mucho que nos había gustado un concierto. No fue un concierto de rocanrol, ni falta que hacía.
