Pues ayer fue el día en el que pensaba subirme definitivamente al carro de Wilco. El último disco me encanta, a los anteriores les he ido cogiendo el gusto sin forzar la máquina, y un concierto era lo que me hacía falta para que me hechizaran definitivamente.
Pero no, no lo hicieron. En parte, en gran parte, por un guitarrista que para mí directamente sobra en el grupo, pendiente de sí mismo, de sus exhibiciones de mano rápida, de sus acoples interminables tapando la voz de Tweedy, de sus multiefectos en paralelo... era como si no estuviera escuchando la canción que tocaba el resto del grupo.
Tampoco me gustó el repertorio y el orden de las canciones. Sin ser un gran fan, sé que tienen 10 canciones que me emocionan y no escuché más de 3, y no viví un viaje en barco por el concierto, más bien en metro de estación en estación.
Dicho esto, el grupo es espectacular, el sonido era perfecto (si nos olvidamos del estridente guitarrista), la voz de Tweedy maravillosa y su aspecto cercano le dan áurea y carisma de grupo que marca época, y probablemente sean el mejor grupo actual (aunque me gustaría ver en todo su esplendor a Fountains of Wayne). Por otra parte, tengo una sensación de que se ha creado a su alrededor una especie de culto que incluye que todo el mundo (incluida gente que no va a un concierto en su vida) vaya a verlos, dándome cierta sensación de que es porque queda fenomenal decir en el trabajo que has ido a ver a Wilco, y que no se pueda decir que no son la recontrahostia sin ser lapidado en plaza pública, así que aquí estoy, esperando ansioso recibir piedras.
