Pasados dos años desde que Xoel López publicara “Los jóvenes mueren antes de tiempo”, el disco que quedará como último episodio de su historia en Mushroom Pillow, hace ya unos meses veía la luz “Fin de un viaje infinito”, cuarto álbum, primero bajo la dirección de una compañía discográfica multinacional, de Deluxe. Al hilo de su no tan novedoso proyecto Una canción al mes, nos da ahora por recuperar para la sección de reseñas su disco.
Definitivamente volcado al castellano y por momentos algo más folk y haciendo gala de un más amplio abanico de posibilidades rítmicas que su anterior trabajo, Xoel entrega una nueva colección de canciones con gusto por las sonoridades y las estructuras clásicas que vuelven a abusar del pop sencillo y de arreglos algo efectistas que buscan la sombra de Beatles, Ryan Adams, el soul Motown, Neil Diamond, Simon & Garfunkel o Arcade Fire.
“Fin de un viaje infinito” está producido por José María Rosillo (Los Imposibles), quien ya estuviera al cargo de la grabación del segundo trabajo de Deluxe (“If things were to go wrong” (Mushroom Pillow, 03)) y del álbum de su proyecto paralelo Lovely Luna.
Entre los numerosos colaboradores se cuentan Julián “Hora Chanante”, Iván González, Pablo Novoa, Sara (Rubia), Leyva (Pereza), Miguel (Maga) o Alejandro Pelayo (Marlango).
“Estoy contentísimo con como suena todo, (…) Tiene ese tufillo de grabación un tanto retro que tanto me ha gustado siempre”. Lo decía Xoel durante la promoción previa a la edición del álbum. Que alguien me diga si es que empiezo a tener el oído atrofiado, porque el álbum, lejos de la profundidad granulosa del viejo sonido analógico, suena pulido y pulcro, blandito y fácilón, como mandas los cánones de la moderna producción digital que apunta a conseguir un producto con potencial comercial. No hay sorpresa y no hay riesgo. Hay temas claramente cortados por el patrón de otros y un marcado gusto por lo “estándar”.
Tras las primeras escuchas del álbum, a uno le parece que puede decir sin miedo a equivocarse que no es este el más logrado trabajo de Deluxe hasta la fecha. Todo suena de repente mucho más comercial y uno, lejos de poder bucear en las canciones (los temas no lo permiten, no hay profundidad ninguna ni en temáticas ni en ambientes), se sorprende haciendo recuento de arreglos (bien las guitarras y los pianos, no tan bien las programaciones electrónicas, esos caprichosos coros que echan a perder más de una canción o los vientos, casi siempre sonando forzados, raramente empastados con el resto del tejido instrumental del tema) previsibles y un tanto gratuitos.
El disco se abre con “Colillas en el suelo”, tema elegido como primer single del álbum. “La canción nace en un hotel de gira, unos días antes de ir a Argentina al Laboratorio Ñ. Allí estuve con Iván Ferreiro, Quique González y otros artistas. La canción la termino allí, en Buenos Aires en realidad, y con la ayuda además de todos estos monstruos de la canción. Recuerdo que Amaro Ferreiro me propuso un cambio en la estructura de la letra e incluso algún arreglo musical. La primera versión grabada a modo de maqueta la hicimos Iván y Amaro Ferreiro a la batería y guitarra respectivamente, Juan de Dios (co-productor del nuevo disco) al piano y yo, que tocaba el bajo. Era algo más corta y no incluía los coros de ‘ooooo’. Todo el mundo entendió que era un tema potente y bromeaban diciendo: ‘¡Qué cabrón, ya tienes un hit!’”. Su ‘hit’ nos parece equilibrado y resultón (bien pensado para las radios) a la vez que soso. La sensación de ser producto del “corta y pega” recorre todo el tema; el “dramatismo” de su interpretación vocal en algunos momentos no casa con los niveles (siempre bajos) de intensidad musical del tema (problema que se repite a lo largo de todo el álbum); la letra, excesivamente simplonas, no hace gala de capacidad narrativa o poética ninguna; y los pegajosos ‘ooooo’ se quedan en recurso de garrafa para darle al tema la dinámica que le falta a nivel instrumental.
En “Gigante” la intención es más contemporánea y bailable. El comienzo a la Depeche Mode desemboca, al -para mí- ridículo grito de “hey, hey, hey”, en partes más guitarreras que le sirven a Xoel de base para repetir uno de esos insípidos estribillos… “Será mejor tener cuidado. Será mejor, tendré cuidado”.
El tono es más pausado y el tejido más carnoso en “Tendremos que esperar”. “Hoy he vuelto al manantial de las aguas prohibidas. Ya no me importa mojarme. Ya no me importa mojarme”. Pianos y final orquestado y la entregada interpretación de Xoel hacen del tema uno de los más salvables del álbum. Lástima que la letra diga tan poca cosa.
“No es mi primera vez” es la CANCIÓN del álbum. Equilibrada, sin maquillaje excesivo, vibrante y dinámica, y luciendo un sonido de guitarras espectacular. Y tras la mejor canción posible, “Rostro de actriz”, canción lenta de comienzo acústico y final ampulosamente orquestado; todo un bajón. Menos mal que el tono, al menos a nivel musical, se recupera con *”Ver en la oscuridad”, canción que se beneficia de la aportación vocal del Miguel Maga. La letra… juzguen ustedes: “El sol, el sol sale para todos, el sol sale para todos, y para todos se oculta también. Si, ay, si te quedas, si te quedas un rato esperando, verás que vuelve a amanecer. Y si miras, si miras hacia arriba, ten cuidado, puedes tropezar y te puedes caer…”.
En “Requiem” el bueno de Xoel quiere ser Arcade Fire con un toque glam. Y no le ha quedado nada mal. Una vez más la letras es el mayor lastre de un tema, esta vez sí, arreglado de una forma brillante.
El registro vocal de Xoel cambia, se naturaliza y se envejece (su padre le dice que cada vez suena más como Luis Eduardo Aute) al principio de De tanto callar”, tema con algo más de calado literario y con dejes folk-rock que no le sientan nada mal a un tema que puede pasar por el número wilconinano del álbum.
Trompas, trombones y trompetas hacen de la más vívida “Simone” una digna hija putativa del Sargent Pepper’s Lonely Heart Club Band”, mientras “El amor valiente” se muestra más desnuda e íntima, enfrentando guitarra acústica, armónica y piano con clásico sonido americano a un saxo más arrebatado. Posiblemente la letra más elaborada, la mejor del álbum: “Antes de proseguir debo contarte algo, algo que sucedió y duele a cada paso de cada pequeño peldaño, de esta vida de escalones cada vez más altos. Aquella noche tan larga te divisé al final de la calle. Yo quería salir corriendo, pero no fue el amor tan cobarde. Estabas allí en lo alto, al final de una enorme cuesta, con la mano tendida y colgando un pañuelo blanco. Fui subiendo poco a poco, como en el peor de mis sueños. Sentía plomo en los zapatos y cemento en mis pies cansados”.
Veo “A un metro de distancia” en un disco de La Habitación Roja. El primer minuto y medio, claro, porque luego el tema se rompe por culpa de un desafortunado puente de breakbeat-pop (homenaje al “Surfin’ Bird” de The Trashmen). Los coros de Sara Iñiguez (Rubia) le dan buena parte de la gracia al tema.
Cierra el álbum “Fin de un viaje infinito”. Con algún que otro aire lejano al Bowie de “Life On Mars?” y al Bunbury de “Lady Blue”; entre el glam-rock y el medio tiempo rock de base pianística, con referencia a Calamaro y muchas capas de guitarras punteadas intentando sobrevivir al poco imaginativo fade que sirve de cierre.
“Bienvenido al mundo del ensayo y del error. Bienvenido al tiempo del amor y de la llaga”.











