Foals "Antidotes" (Transgressive/Warner, 08)

por: luismr · 12/Jun/08 08:39 · 1 comentario - escribe el tuyo
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Tras debutar discográficamente con un 7” - “Try This On Your Piano / Look At My Furrows of Worry”- del que parecen no querer acordarse, lanzarse a editar un EP en directo -“Foals Live”- cuando apenas nadie les conocía, y llamar irremediablemente la atención con singles tensos y de rítmica irresistible como “Hummer” (Transgressive, 07), “Mathletics” (Transgressive, 07) y sobre todo “Balloons” (Transgressive, 07), el joven quinteto de Oxford al que pone voz el griego Yannis Philippakis veía su primer LP publicado el pasado 24 de marzo a través de Transgressive en U.K. y Sub Pop en U.S.A.

Sin llegar a exhibir el mismo punch noqueante de sus singles (la banda decidió dejar fuera del álbum canciones aparecidas en formato sencillo como “Hummer” o “Mathletics”, responsables en buena medida de su joven popularidad), su primer álbum mantiene intactas las esperanzas puestas en una banda que -para ser inglesa- parece hecha de otra pasta: lejos del pop de libro con regusto revivalista o del rock imberbe y aturullado al que se dedican la mayoría de sus coetáneos, Foals parece que se hubieran propuesto pervertir todas las convenciones del pop indie británico contemporáneo, olvidándose a drede los pantalones pitillo en casa y poniendo a girar una máquina trituradora de influencias que mira más allá de las islas e incluso le echa alguna que otra mirada a la brumosa Jamaica o al continente africano recordando al atrevimiento y desparpajo con la que en los primeros años los 80 los grupos de la generación post-punk se acercaban a géneros originariamente negros como el funk o el dub.

Además, en reacción directa al divismo y al ego inflacionista que aturde a buena parte de la más joven comunidad pop y rock británica, Foals se muestran cercanos, humanos y alcanzables, como un equipo de amigos fieles y seriamente comprometidos con lo que hacen capaces de casar referencias minoritarias (defienden a Steve Reich, Monolake o Sweep The Leg Johnny entre sus máximas influencias) y tendencia sin dejarse vampirizar por el camino por los mecanismos generadores del hype que desde hace casi un año parece amenazarles.

Foals viajaron a Nueva York para, por voto propio, grabar a las órdenes de Dave Sitek de TV On The Radio. Al final, diferencias de opinión llevaron a la banda a desechar la primera mezcla propuesta por Sitek por considerarla inapropiada, demasiado flotante y alejada de su sonido real, optando por mezclar por su cuenta el álbum. Aún así, a mí me parece que la mano flotante de Sitek se nota más de lo que debiera en “Antidotes”; sobre todo después de ver cómo se las gastan Foals en directo.

“The French Open” sorprende abriendo el disco colgado de trompetas (cortesía del colectivo Antibalas) que suenan negras y guitarras en cascada que exhiben por primera vez su pedigrí mixto entre el math-rock más cerebral y el incansable y orgánico punteado rítmico del afrobeat nigeriano; eso, hasta que la cosa se pone disco momentos antes de acabar el tema.

Una maraña de palmas y guitarras “gimientes” que suenan a amanecer selvático convierten a “Like Swimming” en un sugerente interludio introductorio de “Tron”, segunda sorpresa del álbum por su tono emocional e introspectivo. Cercana a The Cure o a Bloc Party en ambiente, aunque la estructura del tema se muestre siempre revoltosa y cambiante apuntando en mil direcciones.

En “Cassius” vuelven a poner la vista en Africa para parir una bomba de punk-funk irresistible y bailable a cuyos encantos contribuye sobremanera el contagioso fraseo acompasado de Yannis.

Más sorpresas en “Red Sox Pugie”: rítmica tomada prestada del drum’n’bass más orgánico para soportar un tema que tras un minuto de devaneos acaba convertido en una extraña suerte de pop sintético que en su segunda parte se entrega a sugerentes ejercicios ambientalistas de regusto kraut.

“Electric Bloom” vuelve a dejar traslucir una atmósfera fría de ascendiente after-punk entre finos dibujos de guitarra y un entramado rítmico que va sumando timbres hasta acabar en terrenos tímidamente electrónicos, mientras “Balloons”, otro de los puntos álgidos del álbum, se muestra más inflamada, directa, gritona, ruidosa y concisa, exhibiendo un extraño groove que puede hacer pensar en Gang of Four y en los Battles de “Atlas”.

Ritmo, emoción e intensidad física, pero también cerebros al rojo. “Two Steps, Twice” crece de manera infalible, vibrante y precisa, explotando en varios momentos como una bomba de relojería de irresistible pulso disco-punk.

Cierran el álbum los casi seis minutos de “Big Big Love”, uno de los temas más flotantes y nebulosos, también mutantes y complejos de “Antidotes”.

Abrasivos y sorprendentes, complicados y fáciles de asimilar a la vez; capaces de hacer una música del todo comercial a partir de unas prácticas en las que siempre están presentes buenas dosis de riesgo experimental. Foals se descubren como un necesario grupo de jóvenes airados dispuestos a hilvanar en un mismo tema retales de math-rock, afro-beat, punk-funk, prog-rock, post-punk, dub o minimal techno y lograr un resultado terso, musculoso, emocionante y altamente energético sin que parezca -y es difícil lograrlo- un capricho snob o una boutade de escuela de arte.

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Luis Aragones comentó:

el cuarto penalty lo deberia haber lanzado guti, y no guiza

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