Tras el pirómano con las manos en los bolsillos que ve huir a los animales del incendio, lobos y ovejas juntos por una vez, Pumuky nos presentan en "El bosque en llamas" diez canciones de una intensidad y dolorosa belleza que dejan a uno exhausto y satisfecho al terminar el disco.
Una densa intro deja paso a la espectacular Si desaparezco, canción que dan ganas de cantarla y cantarla hasta quedarse afónico, una de las joyas del disco ("Si desaparezco no mires en los pozos. Te mancharás de lodo ese vestido tan bonito"). Sigue el disco marcado por acentos británicos, con relatos melancólicos llenos de viento y frío, miradas y reproches, todo trufado de guitarras y miles de ruidos raros y la voz, a medio camino de Jota y de Aute, de Jaír Ramírez llorando a la cámara "¿Qué buscas de mí? ¿Qué tengo que te pueda dar? Para ser feliz necesitas algo más".
En eso llega Los enamorados, segunda gran joya de "El bosque en llamas", con toda la serenidad y los pianos de Abraham Boba tratando de evitar el aburrimiento con el amor. Cielos plúmbeos y ambientes etéreos tan afines a las producciones de Arturo Vaquero ocupan el disco, donde Pumuky se mueven como peces en el agua, desbordantes en el final de Lobo estepario contra caballos desbocados o tersos como en El Hombre Bosque en llamas. El podio se completa con Puzzle, llena de dolor, cantada o gritada como ninguna otra del disco.
"El bosque en llamas" contiene varios momentos insuperables y muy pocos suprimibles; en diez canciones nos dan una lección de sinceridad y buen gusto al alcance de muy pocos.