Tras años de gestación íntima, Xabel Vegas ponía en pie el año pasado un nuevo proyecto que luce nombre propio y banda de acompañamiento. En compañía de John Álvarez (guitarra), Eras Sánchez (bajo), Eva Díaz (Batería) e Iker González (teclados), Xabel y su guitarra dan la cara y lucen tamaño de letra protagonista en su nueva aventura, Xabel Vegas & Las Uvas de la Ira, nombre más que apropiado (lean la novela de John Steinbeck; admiren el “oscarizado” film de John Ford) para un proyecto en el que Xabel se decide a explotar el imaginario clásico del songwriting americano.
Ayer lunes 8 de octubre veía oficialmente la luz “Canciones sobre traiciones y mentira”, EP de cinco largas canciones que sirve de carta de presentación y adelanto de un álbum que llegará a las tiendas el próximo mes de enero.
¿Cuándo surge la idea de comenzar un nuevo proyecto al margen de Manta Ray y a qué época se remontan las primeras canciones?
La verdad es que no tengo un recuerdo muy nítido, yo tengo pocos recuerdos nítidos. No sé. Siempre, siempre hice canciones propias. Lo que pasa es que llegó un momento en el que me di cuenta de que Manta Ray cubría un aspecto muy importante de mi carrera musical que era el de entender la música como un trabajo con el sonido y con la abstracción, y las texturas, pero no cubría una parte que para mí es muy importante que es la música como narración de la propia vida y de las propias experiencias, la música como ambientación de unos textos muy importantes. Y supongo que hace un par de años sentí la necesidad de materializar eso en un disco y en una carrera musical al margen de Manta Ray, pero en realidad siempre… Llevo desde que tengo uso de razón haciendo canciones.
¿Es este quizás un proyecto más visceral y emocional que cerebral?
Sí, algo de eso hay. Hombre, precisamente porque Manta Ray es un proyecto colectivo, hay también mucha visceralidad y mucha emoción, pero tienes que controlar esa emoción y esa visceralidad a favor del colectivo, tienes que ponerte de acuerdo con un grupo de personas para hacer música, y supongo que cuando haces tú algo solo te puede más el corazón y las entrañas que el cerebro, y haces más lo que te pide el cuerpo, y lo que puedes y quieres hacer.

Al hilo de estas primeras canciones, del camino que has elegido estilísticamente hablando. ¿No tienes miedo a que te comparen con tu hermano Nacho? Se me ocurre que Nacho, tú y otros músicos afines parecéis tener unas influencias claras, parecéis haber escuchado una música muy determinada, e igual es esto lo que ayuda a comprender que tu hermano y tú sonéis tan cercanos…
Sí, supongo que Nacho y yo tenemos algunas influencias comunes y escuchamos una música parecida. Tenemos gustos musicales muy parecidos, y eso supongo que lleva a hacer un tipo de música que se pueda parecer, aparte de que no puedo escapar de la gen騁ica y de que se parezcan nuestras voces. Pero en realidad yo nunca… yo a Nacho lo veo como lo que es, como mi hermano, y me llevo muy bien con él, y soy incapaz de verlo como un músico; de hecho creo que sólo escuché realmente su primer disco, el resto no los tengo escuchados, salvo los singles que ponen en la radio (Se ríe, nos reímos).
He pensado en vosotros como “traductores” de una cierta manera de hacer canciones… Las canciones de Dylan, por ejemplo, me parecen pequeños tratados de experiencia, protocolos de experiencia… Es la fuerza tremenda que tiene Dylan: no se le puede interpretar, simplemente está llevando estilos de vida a las canciones; ni siquiera se trata de ideas nuevas, sino de experiencias nuevas. Ahí está la fuerza, porque una idea nueva enseguida se puede desactivar, el mundo se puede hacer cargo muy rápido de una idea nueva, pero una experiencia nueva…
Sí, efectivamente, a mí por ejemplo me interesa mucho… Yo leo mucha poesía, me interesa mucho la poesía de la experiencia y siempre digo que yo hago música de la experiencia. A mí me cuesta mucho separar –hay gente que lo hace y que lo hace de una manera muy fácil y además los admiro–, me cuesta mucho separar lo que hago de lo que soy, y me cuesta, pues eso, lo que dices, tener una idea y plasmarla, lo que hago forma parte de mi experiencia como ser humano y me es inseparable lo uno de lo otro: Mis canciones son mi vida. Qué mal suena eso, te acabo de dar un titular, un titular muy chungo. Eso bórralo.
Uno a veces desearía tener la distancia suficiente para poder hacer cosas y distanciarse de ellas, y verlas como algo ajeno, pero cuando las canciones forman parte de tu vida –porque aparte de que las canciones en sí son una experiencia, también hablan de experiencias vividas–, resulta muy difícil alejarse de ellas y verlas con distancia, resultan a veces hasta dolorosas.
¿Las canciones para “componerse” con lo que nos sucede, para seguir a pesar de ello, hasta borrarlo o transformarlo, como píldoras para curarse de la civilización
Es cierto, pero… hay una cosa que suelen decir muchos escritores y muchos músicos también, y que yo reconozco que no me pasa, hay gente que suele entender la música o la literatura o cualquier tipo de creación como una terapia y yo nunca lo vivo como una terapia, para mí contar lo que me pasa no es una liberación ni mucho menos, no me siento mejor, más bien todo lo contrario. Y también admiro esa manera de entenderlo porque para mí no es algo que sea gratificante, ni que me cure de ningún mal, ni ninguna enfermedad mental, ni nada de es; todo lo contrario, las agrava, en todo caso. Pero es lo que sé hacer y es como sé vivir, no sé vivir de otra manera, desgraciadamente para mí.
¿A los chicos de la banda, cómo los encuentras? ¿o te encuentran ellos a ti?
Cuando decidí materializar el proyecto, cuando decidí empezar a sacar discos y tocar en directo y ese tipo de cosas, decidí que por supuesto yo quería una banda rock, no me interesaba nada la idea de ser un cantautor tipo “guitarra y voz”, no me gusto tanto a mí mismo como para salir yo solo a un escenario con una guitarra. Necesitaba gente alrededor y formar una banda de rock, y darle un ambiente muy rockero a las canciones y muy guitarrero. Y pensé mucho en qué tipo de gente buscaba para este proyecto y decidí que lo que quería era gente muy joven y con muy poca experiencia en la música, que estuvieran un poco vírgenes en ese sentido, y busqué a chavales jóvenes, con gustos musicales parecidos y que tuvieran muy poca experiencia, y fue lo que encontré, y la verdad es que acerté plenamente porque el entusiasmo y la ilusión que ponen es fenomenal y además a mí me dan muchísima vida. Yo llevo catorce años tocando y un montón de discos con Manta Ray, y necesitaba precisamente la idea de tocar con gente que estuviera muy poco viciada y que pusieran una ilusión tremenda en todo lo que hacen, porque a mí me contagian esa ilusión, y lo busqué y lo encontré, afortunadamente, y son la mejor banda del mundo, y los quiero como si fueran hermanos pequeños.
Entonces te interesaba mantener esa “idea” clásica de banda más que de proyecto unipersonal, tocar en un grupo, encontrar a gente con la que poder hacer cosas juntos…
Algo de eso hay, porque además cuando monto una banda la monto porque tengo ganas de tocar en directo y nuestra idea de hecho es salir a tocar y tocar lo más que podamos, y cuando haces una gira es muy importante que la gente con la que la haces conecte muy bien contigo, tanto para llevarte bien con ellos y hacer cosas con ellos como para que te dejen tu propio espacio, y en ese sentido, pues también son, afortunadamente, bastante más que amigos; son eso, yo los siento como si fueran hermanos pequeños.

¿Hay algún componente de reacción en este proyecto a Manta Ray?
Más que de reacción… Bueno, algo puede haber, inconscientemente. Sí que necesitaba… Manta Ray es un proyecto colectivo, somos cuatro personas y siempre fuimos al 25% en todo, en composición, económicamente, en todo; siempre fuimos un colectivo de cuatro personas y siempre tuvimos muy claro que cada uno de nosotros era imprescindible, y necesitaba un poco sentir también que podía hacer algo por mí mismo sin necesitar a otra gente y mandar, ser un poco jefe y ese tipo de cosas. Entonces, quizás en eso sí que hay algo de reacción, y también hay algo de reacción en la idea de que musicalmente necesitaba una parte más narrativa y más de experiencia personal. Pero yo más que de reacción hablaría de que es complementario, tanto Manta Ray como este proyecto forman parte de mi manera de entender la música, o de las dos caras de una misma moneda.
¿Vais a seguir? O sea, ¿Manta Ray sigue vivo como grupo?
Pues sí, en principio sí. Estamos tomándonos un descanso, un tiempo hasta encontrar la motivación necesaria para seguir, pero sí, seguimos. Lo que pasa es que, bueno, también ahora yo estoy bastante más centrado en esto, y el resto también están centrados en otras cosas…
¿Qué hacen ellos?
Nacho tiene un bar, va a abrir otro ahora; Jose Luis trabaja en Festejos en Gijón, y casi todos tienen proyectos paralelos, aunque ninguno… salvo Viva Las Vegas, un grupo que tienen Frank y José Luis, que sí que sacaron varios discos. Casi todos hacen cosas al margen, sin que tengan todavía demasiado peso, pero sí todos tenemos un poco líeas de fuga, al margen de Manta Ray.
“Líneas de fuga”, esa expresión me lleva a Deleuze… Pero sigamos. Steinbeck y Las Uvas de la Ira. ¿Qué te sugiere la novela?
Cuando leí la novela me marcó mucho por un motivo: la novela narra la historia de una familia de granjeros de Oklahoma que pierde todo y se tienen que ir casi con lo puesto en una camioneta a California a buscarse la vida trabajando como recolectores, y es un poco la idea de la gente que pierde la vida buscando la vida, precisamente. Esto es desgraciadamente muy actual, sobre todo aquí en España y en Europa, es la historia de la gente que intentando vivir y buscar una vida digna desgraciadamente la pierden por la injusticia de los que vivimos en un mundo tan opulento. Todo eso me marcó mucho, supongo, porque como dice una canción de este disco tengo bastante “simpatía por el débil” y por la gente que sufre y ver plasmado de esa manera el sufrimiento de la familia que protagoniza “Las uvas de la ira” me llegó muy dentro y me prometí a mí mismo que nunca iba a olvidar, que no iba a olvidar que hay gente que sufre mucho y que tiene que largarse de su lugar de origen para buscarse la vida, de tal manera que creé una banda con ese nombre y me lo tatué en el brazo. (…) Tiene una escena al final, lo que pasa es que esto no lo puedes poner porque destripas el final a la gente que no la haya leído, que me pareció de lo más gráfico del mundo. Al final una de las hijas de la familia, que está embarazada, pierde a su hijo por el hambre, y entonces se encuentran, refugiándose de una tormenta en una granja, a un tipo que también está muriéndose de hambre, y la hija decide darle el pecho. Me parece una imagen tan dura y a la vez tan tierna de la solidaridad…
¿Crees que es posible estar con el débil –no en lugar de, no hablando por, sino con–, conspirar con el débil en un sentido político, hacer política a través de la expresión artística?
Desconfío mucho de un discurso artístico que sea pretendidamente comprometido, porque creo que lo que es comprometido no son ni las canciones, ni los libros, ni los cuadros, ni ningún tipo de obra de arte; lo que es comprometido es el artista, y yo procuro ser todo lo comprometido que puedo pero no creo que sea necesario que mi obra tenga unas letras muy específicas sobre la gente que sufre. Tal vez suene muy romántico, pero no creo que el arte tenga que estar al servicio de nada, ni siquiera del compromiso, creo que los que tenemos que ser comprometidos somos los artistas, igual que los fontaneros o cualquier otra profesional. Desconfío mucho de eso, de cualquiera que se presente como un “artista social”. Esas cosas no me las creo, por lo general la gente que hace eso después en su vida personal no es nada comprometida. Por lo general, eh, hay grandes excepciones, afortunadamente, pero conozco muchos casos en los que no es así.
El Dylan electrificado, por ejemplo, tan apartado ya del arquetipo de “cantautor comprometido”, me parece archipolítico por una cuestión de actitud, de estilo: el estilo como conciencia…
Probablemente el gesto más político que tuvo Dylan fue salir en el Festival de Newport con una guitarra eléctrica cuando todo el mundo le abucheaba. Todas las canciones de Dylan –que a mí me parecen buenísimas– del principio, “The Times They Are A-Changin’”, “A Hard Rain Is Gonna Fall”, cuyas letras son muy comprometidas me parecen muy interesantes pero prefiero la obra posterior donde las letras no eran tan explícitas. Comparto contigo que tal vez se trate de un compromiso más difuso –cuando hablo de letras comprometidas me refiero a lo explícito, a lo panfletario– pero si que hay un compromiso artístico que me parece muy importante y que raya casi lo político: el de tener un discurso artístico y estético sincero, más allá de hablar de determinadas temáticas. Me parece que esa honestidad es una especie de actitud política, casi.
Que nunca se haya traicionado a sí mismo…
No se traicionó jamás teniendo la posibilidad de hacerlo, como hicieron los Rolling Stones, y la verdad es que nunca lo hizo, ni siquiera ahora. Es más, mucha gente le criticó cuando tocó para el Papa y a mí incluso eso me parece que es un gesto revolucionario, como decir “No me importa lo que piensen, hago lo que me da la gana”.

“Necesitaba plantear un proyecto más personal en que los textos tuvieran más peso”, te citamos. ¿Tienen los textos mayor importancia que la música en un hipotético ranking de importancia?
Creo que son inseparables. Sí que es verdad que los textos son algo muy centrado, y la música quizás lo que pretende es crear una ambientación para esos textos. Lo que pasa es que no me gusta separar lo uno de lo otro, porque soy de la opinión de que los textos de mis canciones, y de casi todas las canciones de músicos de rock, son textos entendidos para ser cantados. Nadie coge una letra de Bob Dylan y la lee como si fuera un poema, porque el lenguaje de la poesía y el lenguaje de las canciones de rock es completamente distinto, y el rock tiene una virtud que es la inmediatez, que a mí me parece fundamental. Quizás la única excepción que encuentro es Leonard Cohen, que sí que tiene textos que pueden ser entendidos como canciones, canciones preciosas y que pueden ser leídos como poemas. Poemas buenísimos.
Al hilo de lo que comentas… ¿Escribes ya pensando en el formato canción
Cuando escribo canciones sí, si no, no (Nos reímos mucho). No me siento delante del papel a escribir una canción y escribo otra cosa… para eso escribo poemas. Cuando escribo una canción, cojo la guitarra y empiezo a tocar, y a partir de un motivo o una frase musical construyo una letra. Insisto, es muy distinto cuando escribes un poema a cuando escribes una canción, son dos lenguajes diferentes. Otra cosa es que tú escribas un poema, que también puede darse, y que una vez escrito te des cuenta de que puede funcionar en una canción, y construyas una canción para musicar ese poema, pero eso ya es algo muy particular. Ahora, cada músico es un mundo, supongo que otro te respondería otra cosa. Y aunque mis letras aparezcan en el libreto –me gusta ponerlas porque me gusta que la gente mientras escucha la música pueda leerlas, por lo que sea, por si no se entiende alguna frase o por si quieren tenerlas delante–, no son para ser leerlas independientemente. Algún día publicaré textos hechos para ser leídos, pero mis letras son para ser escuchadas, no leídas.
Y con respecto a lo autobiográfico que pueda haber en las letras, ¿qué te impulsa a hacer públicos esos episodios emocional y físicamente duros, a “ponerlos en común”?
Buena pregunta. ¿Te refieres a la falta de pudor? En realidad cuando escribes sobre experiencias, hay algo de intento de expresión de una parte de tu vida pero a la vez hay algo de reescritura de la propia vida. Nadie es tan estúpido como para contar lo estúpido que se sintió o lo mal que se sintió, sino que de alguna manera disfrazas tu vida, y le das ese lirismo que en realidad no tuvo la situación. Por ejemplo, una persona que haya estado enganchada a cualquier droga, puede escribir sobre un síndrome de abstinencia un texto durísimo y bellísimo, precioso, cuando tal síndrome es una de las cosas menos poéticas y con menos glamour que existen en el mundo. Si escribes sobre ello pretendes buscarle ese lirismo que la situación no tenía o que tenía muy escondido. Supongo que es eso, una manera de engañar a la realidad y de convertirla en algo bonito, como esta canción (De repente suena “Like A Rolling Stone”).
¿Es una forma de relacionarse con “lo real”, entonces?
Yo suelo pensar que las canciones son más bonitas que la realidad –por eso hago canciones. Bueno, depende de cuales, hay realidades que son bonitas de por sí como el amor u otras experiencias, y que invitan a escribir sobre ellas. Pero sobre todo las realidades duras, dolorosas, suelen tener muy poca poética y eres tú quien la construye.
A veces me sorprende que se pueda llegar a hablar con sinceridad sobre lo que uno hace.
Con Manta Ray casi siempre me tragaba las promociones, porque a los demás no les gusta nada, y suelo decir que a mí me ayuda mucho, porque puedo distanciarme de lo que hago y reflexionar sobre ello, tener un discurso. La promoción me obliga a hacerlo, y para bien.

Piensas en cómo el público –esa gran abstracción– va a recibir lo que escribes?
No, la verdad es que no. Pero no se debe a una actitud engreída, ni mucho menos, pero claro, me cuesta pensar en el público como algo concreto, pienso en el público como algo abstracto. Evidentemente cuando logras materializar algo lo haces para que alguien lo lea o lo escuche, gente querida, gente cercana de cuyo criterio me fío. El público es muy heterogéneo, cada uno pensará una cosa distinta, así que no me gustan mucho las generalizaciones, pienso en personas en concreto.
Se escribe en ausencia de interlocutor, o más precisamente, para encontrarlo?
Claro, aunque seas tú mismo, sino no harías nada, no escribirías, qué sentido tiene escribir para nadie. Escribes para alguien, aunque sea un alguien ideal, inventado.
Y este público que no existe cómo está reaccionando en directo, en los primeros conciertos.
(Risas) No sé, hemos tocado muy poco, empezamos en serio en noviembre. Esta es una pregunta que siempre se hace y es muy difícil de responder, “¿Cómo está reaccionando el público en tus conciertos?”. Pues no sé hombre, pregúntale al público. A veces sientes que hay feedback, y otras pasa lo contrario. Si notas una cierta conexión con la gente, y que conseguiste crear la ambientación necesaria para transmitir, eso influye en como tocas. Pero puedes equivocarte, yo tampoco me dejo engañar mucho por ese tipo de sensaciones, puedes pensar que la gente está maravillada contigo cuando en realidad están pensando que estás haciendo el ridículo.
“Las canciones son certificados”, has escrito en alguna ocasión en tu MySpace. Se diría que te preocupa ser honesto, contigo mismo y en relación con el mundo…
Sí, yo suelo decir que son certificados o documentos, porque documentan un estado de ánimo, un estado de cosas. Esa frase concretamente la escribí a raíz de una canción, “Encadenado”, que aparecerá en el EP, supongo, que habla de un momento de mi vida en el que pensaba algo que ya no pienso; no sólo no lo pienso sino que me avergüenzo de haberlo pensado. Te voy a hablar claro: es una canción que habla sobre las drogas, sobre la heroína, y dice algo que en aquel momento pensaba sobre esa sustancia y ahora me avergüenza mucho porque conocí otra realidad. Y durante mucho tiempo pensé qué podía hacer con esa canción, porque no me siento identificado con lo que cuenta y pensé en descartarla, deshecharla. Y después pensé que por qué si al fin y al cabo es un certificado de un estado de las cosas, un certificado de mi propia estupidez en aquel momento. Y cada vez que la escucho me avergüenzo, pero a la vez me doy cuenta también de que es lo que sentí y de que afortunadamente ya no lo siento.
El arrepentimiento parece siempre estéril, ocioso, porque el que tú eras entonces seguramente no hubiese podido pensar o actuar de otra manera…
Por eso digo que cada canción –y más esta porque es muy especial, es muy gráfico lo que cuenta– habla por supuesto de lo que pensaba cuando la escribí y no necesariamente me siento identificado ahora con todo lo que escribí en el pasado, afortunadamente. Es un poco como la caja negra de un avión. Y a veces rescatas la caja negra cuando el avión se estrella. Pues esto es lo mismo, la caja negra de una determinada catástrofe personal.
Vamos con lo que nos ha reunido aquí, tu EP de debut. “Canciones sobre traiciones y mentiras”, está punto de ver la luz. ¿Cómo fue la grabación?
(Se ríe) La grabación la hicimos en Andoain, que es un pueblito cerca de San Sebastián, en un estudio que se llama Garate. Como técnico de sonido y co-productor está Kaki Arkarazo que es un buen amigo y un gran músico, gran productor. Es un sitio que conocía desde hace tiempo, porque es donde Manta Ray hemos grabado los últimos discos, y es maravilloso para grabar un disco porque está aislado del mundo, en una montaña. Vives allí en el propio estudio, en un apartamento, no hay cobertura en los móviles, es el sitio perfecto para alguien como yo que cuando tiene que grabar un disco se pone muy nervioso y al que no le gustan mucho los estudios de grabación y necesita paz y tranquilidad. Y además tuve la suerte de ir allí con la banda, que como te dije antes son gente muy joven y que ponen mucha ilusión para todo, y era la primera vez que pisaban un estudio, y trabajar en un estudio de esas características, uno de los mejores de España, la primera vez que grabas un disco en tu vida… Estaban encantados y eso a mí me contagiaba mucha vitalidad, mucha energía.
Y qué nos puedes adelantar del álbum.
El álbum está casi todo grabado, faltan las voces y mezclar. Me marcho en quince días para Euskadi. El disco saldrá en enero, y del título no tengo ni idea, es lo último que pongo. Y no voy a colaborar con nadie, me gustaría, pero de momento me basta con el grupo.
Qué puedes contarnos de ese proyecto que te traes entre manos con Pablo Texón.
Pablo Texón, aparte de ser muy buen amigo, es un poeta asturiano que escribe en asturiano, probablemente el mejor que existe ahora mismo. Y yo que siempre le admiré un montón como poeta. Tuve la suerte de hacerme hace algunos meses muy amigo de él, y llevábamos tiempo con ganas de hacer algo juntos. La primera idea que teníamos era sacar un libro haciendo traducciones de textos de canciones de rock a la lengua asturiana, pero decidimos que era insuficiente para nosotros y que necesitábamos participar también con algo de creatividad por nuestra parte. Entonces la idea que tenemos en mente es coger diez o doce canciones de clásicos del rock (Leonard Cohen, Bob Dylan, Neil Young, Tom Waits, etc.), traducirlas al asturiano y a partir de esa traducción escribir un texto o una especie de relato o poema, con una vertiente lírica y personal sobre la canción, donde esta aparezca como protagonista. Es la idea que tenemos en la cabeza y que de hecho ya está moviéndose en el terreno editorial. Tenemos que terminar para la primavera del año que viene. Saldrá editado el próximo año, en asturiano. Así que si algún día sale en castellano, que es probable, tendrás oportunidad de conocerlo. O podéis aprender asturiano…
Hace tiempo recomendabas al “muy recomendable” T Bone Burnett en tu MySpace. ¿Algún otro descubrimiento reciente?
Buena pregunta.Últimamente no descubro muchas cosas, redescubro más bien. Hay un tipo cuyos discos estoy oyendo mucho, al que ya conocía de antes, que se llama Vic Chesnutt. Es un tipo muy peculiar, paralítico, tiene una enfermedad degenerativa y está en silla de ruedas, y tiene unos discos maravillosos, superintensos, preciosos.