Tras casi tres años de silencio discográfico (“¿Quién mató a Airbag?”, su celebrado último disco editado hasta la fecha, veía la luz en 2005), los malagueños Airbag vuelven a la palestra con un cuarto álbum que parece homenajear al “Pet Sounds” de The Beach Boys desde la tipografía elegida para adornar la portada y que se muestra igual de directo, conciso (trece temas en apenas treinta minutos) y energético que sus anteriores trabajos, aunque esta vez sus canciones -más elaboradas- hagan gala de un buen montón de pequeños detalles sonoros que apuntan hacia terrenos más pop (llámalo power pop si quieres) y menos revolucionados; la esencia del sonido Airbag (ese punk-pop vitalista, fresco y desenfadado que surge de agitar en una misma coctelera a Weezer, Ramones, Los Nikis, Shock Treatment, Los Vegetales y añadir a la mezcla un par de gotas de música surf y otro par de Spector y sus girls groups) se mantiene, pero el conjunto se muestra más variado, ambicioso y evolucionado.