Ese ente postmoderno que forman la sensual y camaleónica Allison Goldfrapp y el multifuncional Will Gregory, auténtico cerebro musical en la sombra del grupo, ha decidido a la altura de su cuarto álbum reinventarse de nuevo. Y acostumbrado su público de última generación a los devaneos en clave electroclash de “Black Cherry” (Mute, 2003) o al glam-rock sintético, malhumorado y sexualmente ambiguo “Supernature” (Mute, 2006), el aire pastoral y bucólico que desprenden temas marcadamente acústicos como “Clowns”, “Cologne Cerrone Houdini” o “Eat Yourself”, a la postre algunos de los mejores momentos del álbum, cuando menos, sorprende.