Ayer viernes fui a ver a The Lucksmiths al Barbarella Club, y me lo pasé en grande. El concierto ya lo ha comentado el cofrade ficusín -este hombre cambia más de nombre que la gran Tamara/Ámbar/Yurena- nada más y nada menos que a las 3 de la mañana, a las dos horas de acabado el concierto. Estoy de acuerdo en todo con él.
De la puesta en escena me sorprendió ver al cantante tocar la batería de pie en primera fila, algo casi tan raro como ver a un cantaor de pie, pero bueno, fue muy divertido verle tocar, cantar, bailar y soplar la armónica todo a la vez, y no lo hizo nada mal. Solamente le faltó freir un huevo, que con el infernal calor que hacía en la sala no hubiera sido nada difícil.