Pretender basar el mérito –o parte de él- de un disco en el hecho de que esté grabado sin bajo es tan absurdo como contradictorio. En el caso que nos ocupa, la flamante nueva entrega de los White Stripes, no solamente no es mejor por ese hecho, sino que más bien sucede todo lo contrario. Al margen de que se hayan utilizado trucos para camuflar la ausencia de un bajo real, lo cierto es que el disco ganaría mucho si se hubiera usado una base rítmica en condiciones, algo que se aprecia especialmente en canciones más dinámicas y hasta souleras, como la sensacional “My doorbell”, en la que parecen los Jackson Five, o la igualmente resultona y bailable “The denial twist”.