Syd sueña despierto con peces de colores, quiere gritar en Picadilly Circus para que todos le oigan, quiere gritar y saltar y beberse la vida, tragarse el sudor a medida que sale por los poros de su piel, quiere soplarse el flequillo arrogantemente, porque sabe que es un genio, que es el más guapo, que ni John, ni Ray, ni Pete, ni Eric, ni Mick, ni Roger ni Graham, ni siquiera Richard, pueden llegarle a la suela de los zapatos. Y grita con tanta elegancia, que nadie quisiera que ese grito acabara nunca.
El sueño de ser eterno algunas veces parece cosa del destino o algo incontrolable. Es el caso de Syd Barret, para muchísimos fans en todo el planeta un ser único, alucinante, un músico inclasificable, a quien Brian Wilson, Tim Buckley, Nick Drake y pocos más podrían mirar a la cara sin ruborizarse. Segada de raíz su carrera musical -por lo que se sabe, que es muy poco- con veintitantos, acaso por culpa del ácido lisérgico, ha pasado casi cuarenta años retirado del mundo, sin dar entrevistas, sin grabar una sola canción. Sus compañeros le dedicaron una canción: "I Wish You Were Here". Espero que los ángeles del cielo o del infierno le reciban con los brazos abiertos. Für Ewig, Syd.