Echando un vistazo al enlace que amablemente Luis nos facilitaba en su última entrada a propósito de la entrevista de Santi Carrillo en Supernovapop, me ha venido a la cabeza la eterna pregunta: ¿qué se espera –esperamos- de una revista de música?
En mi caso, soy fiel compradora de Rockdelux (RDL) desde abril de 1999. Con anterioridad, había caído en mis manos algún número suelto, rapiñado del hermano mayor de algún amigo, comprado porque alguien interesante aparecía en la portada, o porque en un mes concreto mi capacidad monetaria me lo permitía. Sin embargo, desde esa fecha, en la que el ejemplar se acompañaba con el directo de Manta Ray en la clausura de la XXXVI edición del Festival de Cine de Gijón, me faltan únicamente dos números. Uno de ellos, fue adquirido y abandonado –teniendo plena conciencia de ello- en un tren Santiago de Compostela-Madrid. El especial con los mejores discos internacionales fue demasiado. Incluso para alguien como yo.
Mi seguidismo sectario alcanza tales niveles –no me ladipen, por favor- que cuando sé que no voy a estar, siempre encargo a alguien que se haga con un dichoso ejemplar. Una falta de coordinación hace dos años, me dejó sin el número de octubre de 2003. Por lo demás todos bien, gracias. Apiladitos en estanterías, cajas y otros lugares de guardar.
No me la leo de cabo a rabo, ¡ni muchísimo menos! Hay secciones que de lo mal que están escritas parecen redactadas por la competencia – si es que el desolado panorama de medios especializados en español permite que la tengan…-. Sirvan de ejemplo ilustrativo las páginas dedicadas a críticas de estrenos cinematográficos, uno de los “quiero y no puedo” más grandes de la RDL con unos contenidos de calidad sonrojante. También me aburren hasta el infinito y más allá, las crónicas de muchos festivales. A mí, lo que pase en Monegros –con todo mi respeto a los asistentes- me resulta bastante indiferente. Sin embargo, por más vueltas que le doy, no entiendo toda la polémica que rodea a la publicación.
Yo no espero que la RDL me solucione las paradojas de mi vida musical. Como lectora exijo –porque yo lo pago- que me ofrezcan cierta actualidad sobre lanzamientos y reediciones, alguna que otra entrevista decente, recomendaciones que valgan la pena y, por qué no, un poco de controversia. Las críticas ¡claro que me las leo!, y hasta me permito defender un posicionamiento completamente opuesto al mantenido por los sujetos que ponen su pluma al servicio de la publicación.
Estimados lectores y lectoras lean, comparen, critiquen y si encuentran algo mejor, cómprenlo. Servidora siempre lo haría.
(Hasta el 2007 no volveré a hablar de la RDL en Popmadrid. Una ojeada sobre mis últimos comentarios da la sensación de que recibo comisión de Carrillo).
