¿Qué se le pasa a una persona por la cabeza cuando trata de fundir su personalidad con la del músico del que es fan? Me refiero, no sólo a empaparse de sus posicionamientos vitales, léase sexo, drogas y rock’n’roll… quiero abarcar con la pregunta la dimensión más básica de la rutina diaria, es decir, vestirse, actuar, y comportarse ante los demás como tal.
Héteme la tarde del domingo deambulando por la Fnac de Callao -por algo esto es Popmadrid- cuando tras buscar infructuosamente un disco compacto, –sí hijas/os mías/os, yo vinilos gasto los justos-, me planté en la sección destinada a la canción española. Mi curiosidad era comprobar si el disco de Niño y Pistola estaba disponible en la ya mencionada sección, y tras recorrer en un par de vistazos la “N” y confirmar que en el jardín de infancia de la multinacional francesa sólo estaban apuntados los Niños Mutantes y el Niño Gusano, decidí darle la vara al chicuelo situado al otro lado del mostrador.
No obstante, mientras me aproximaba al mostrador, una visión más allá del bien y del mal se apoderó de mí: la reencarnación de Enrique Bunbury flirteaba con la paciencia del sufrido dependiente. En ese momento, mi espíritu cotilla me ganó la partida y, quitándome los cascos –que por algo ya tengo iPod-, me dispuse a escuchar sin ningún disimulo la conversación mantenida por aquel maño de adopción. El susodicho en cuestión lucía una rizada cabellera coronada por unas gafas de sol modelo “tengo resaca”, acompañado todo ello por una camisa de cuello corbata en color malva, pantalones negros y botas a juego. En aquel instante, no sé qué me daba más miedo, que el imitador de Enrique Ortiz de Landázuri Izarduy no supiese que la camisa cuello corbata se llama así porque necesita corbata y si no, no te la pongas que pareces Bisbal, o que su parafraseo –porque no hablaba, parafraseaba- se asemejase tanto al ritmo cadente perdona vidas de don Enrique.
Prometo que me sorprendió que entre muchos álbumes, tuviese a bien preguntar por Pau Riba, algo que reforzó aún más mi teoría sobre lo cerca que ese chico sigue al antiguo cantante de Héroes del Silencio. Así, mientras el dependiente se movía adelante y atrás intentando buscar los discos que Enrique Jr. demandaba, yo me dediqué a recordar los días de infancia en los que ponía los calentadores y las mallas para ver la emisión semanal de Fama convencida de que así estaba más cerca de Leroy y compañía…
Coincidencia, abducción o un amor mal entendido… ¡vaya usted a saber!
(Nota al pies: El disco de Niño y Pistola NO está disponible en la Fnac.)
