10º Aniversario del Teatro Bergidum

por: Iván Acebo · 11/Oct/06 10:32 · 2 comentarios
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Fin de semana musical en Ponferrada con motivo del décimo aniversario de la reapertura de ese altar al mal gusto que es el Teatro Bergidum. Solo el trasnochado boato, que por trasnochado resulta austero, del escenario y del patio de butacas son capaces de hacernos olvidar, si el espectáculo acompaña, como será el caso, que estamos en tierras donde la desidia, la horterada y el chanchullo indecente campan a sus anchas de la mano de los apergaminados sicofantas que nos vienen gobernando desde que el mundo es mundo. Desde que es mundo para mi, es decir sin hacer distingo entre las fuerzas políticas democráticas que se vienen alternado en el consistorio local, ya os imaginareis cuales son. Es lo que hay, lo doloroso es que debajo de todo ello hay un ser y un sentir mucho más digno que muere estrangulado cada día bajo el insultante desprecio del cemento y de la cultura de monedero de abuela.

Sea como fuere se abría esta feliz conmemoración, feliz pues previa a la reapertura del Bergidum, que era cine, no existía ningún teatro en la capital berciana, con la actuación del grupo local Sirma. Una agrupación que yo no conocía y que me sorprendió muy gratamente pues desde la Escuela Municipal de Música, enfocan sus esfuerzos a recuperar y reinterpretar la música tradicional sefardí. Lo hacen con una impecable factura que nos consigue transportar a bellos parajes medievales de aquella perdida para siempre España de las tres culturas. Su cantante María José Cordero maneja su voz, a sus músicos y hasta da la sensación que la escenografía con la sabiduría cabalística de una verdadera maestra de ceremonias. De ello dio buena cuenta Amancio Prada, que sin reparar en elogios hacia ella se subió al escenario para realizar dos emocionantes duetos, que además servirían como anticipo del concierto que el cantautor berciano tenía previsto ofrecer al día siguiente en el mismo escenario como culminación del aniversario.

Traía Amancio a su ciudad su último espectáculo; “El cantar tiene sentido: Hasta otro día, Chicho”, un homenaje póstumo a su amigo Chicho Sánchez Ferlosio, cantautor austero, dicharachero y chispeante que solo llegó a grabar un disco en 1978, “A contratiempo”, y hermano del último premio Cervantes Rafael Sánchez Ferlosio. Hijos ambos de Rafael Sánchez Mazas, escritor de cierta talla, no tanta como su hijo, que junto a Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo, el propio José Antonio y otros fue fundador de Falange y creador del “Cara al Sol”, y más recientemente protagonista de la novela histórica de Javier Cercas “Soldados de Salamina”. En cuya adaptación cinematográfica aparece el propio Chicho, casi como epílogo de aquella otra película de 1982, “Hasta que el cuerpo aguante”, que el mayor de los Trueba dedicó a éste, por encima de cantautor, personaje madrileño.

No se completó el aforo, según dicen, debido a que el cantautor berciano se manifestó en su momento, ignoro en que términos, en apoyo de su amigo Ismael Álvarez, el famoso alcalde de uno de los partidos en liza condenado por acoso sexual sobre la edil de su mismo partido Nevenka Fernández. Asunto sobre el cual Juan José Millás escribió todo un folletín, de encargo, para que nos vamos a engañar. Bien, pues este error le ha privado del unánime apoyo popular del que lógicamente gozaba por cercanía y por, claro está, su indiscutible calidad. “Que tendrán que ver los cojones con comer trigo”, que decía mi abuelo.

La voz de Amancio emociona, o al menos a mi; la siento cercana, ya que es voz con acento, prolongación del habla sin temor a ser dicha, tal como brota de la garganta, sin temor a paladear las palabras, a pronunciarlas con vergüenza postmoderna. Palabras que proclaman el aliento de la tierra sagrada con un orgullo del que ha sido privada por los mercaderes del templo. Es como oír cantar a mi madre, y a mi abuela, sabe a nana en noche de invierno con olor a tierra mojada, a lumbre que se extingue, a vino rojo pisado con los pies. Pero en este espectáculo también hay sitio para el otro Amancio; contador de historias, risueño, dicharachero como lo era Chicho, pues ¿que mejor homenaje que reírse con las ocurrencias y disfrutar de las canciones con las que disfrutó el amigo desaparecido tal y como él lo hubiera hecho?. Con ese humor deja Amancio por momentos de lado al cantautor más espiritual de poemas de San Juan, Juan Del Encina o Rosalía para enseñarnos otra parte más crapulosa y generacional que es la que le unía a Chicho y al gran Agustín García Calvo. Convierte en momentos mágicos las habituales de su propio repertorio “Solo de lo negado” y “Adios rios, adios fontes”, esta última interpretada ya como despedida, pues no se podía despedir sin ella, y nos deja a la audiencia traspuesta de emoción, tras haberle cogido un gran cariño a ese personaje que fue Chicho y que con una lograda retroproyección casi tenemos la sensación de tocar. La apasionada voz del de Dehesas consigue ser universal desde lo local y recordando él a Chicho recordamos nosotros a ese amigo, a ese “poeta de su propia vida, cuya mejor obra esta flotando en el aire”, como dijo Stephan Zweig, que casi todos en estos tiempos de paz asesina hemos tenido la desgracia de perder y el pobre consuelo de recordar.

Un muy bonito homenaje por tanto a un amigo, al terminar el concierto ya amigo de todos, que nos deja perlas del humor como; “No hombre no es que yo sepa de todo, solo es que donde los demás tienen lagunas yo tengo islotes”.

2 comentarios

petitcomite comentó:

...gracias Iván por convertirte en el Julio Camba de 2006, capaz de "condensar en unas pocas líneas un continente, un país, una ciudad o una paella". Cito a Xuan Bello, pero la descripción va que ni pintada.

Iván Acebo comentó:

jajaja, me encanta Julio Camba, así que gracias por el piropo.

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