Corcobado "Editor de Sueños"

por: Iván Acebo · 16/Nov/06 13:53 · 1 comentario
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Javier Corcobado nunca ha sido un artista condescendiente, ni consigo mismo ni con su potencial público. Para disfrutar de sus discos hay que esforzarse. Muchos opinan que lo que no entra a la primera no merece la pena, no es bueno. Nada más falso, al menos no tiene por que ser siempre así pues sabemos que unas hormigas africanas bien cocinadas pueden resultar tan suculentas como un cocido maragato si nuestro paladar está acostumbrado a ellas. Lo curioso, y paradójico, es que en este bendito país estamos acostumbrados a comer hormigas, serpiente y sesos de mono y desdeñamos sistemáticamente la paella valenciana, el cocido maragato y el gazpacho manchego. Por tanto para degustar la voz de Corcobado hay que enjuagarse previamente bien la boca y despojarla de complejos inducidos por la colonización que padecemos desde hace décadas.

Desde que al pesado de Miguel Ríos le dio por sesear al cantar en castellano buscando ese redondeo resultón del inglés, la pandemia se ha ido extendiendo en el rock nacional y lo que en principio pudo tener cierta gracia acabó por convertirse en una bochornosa serie de “ouyeahhs nena” encadenados que se vienen amparando en una infantil iconoclastia caduca y lo peor de todo; excluyente. Por eso es de agradecer que existan artistas como el indoblegable Corcobado, que canta como habla y habla como siente. Curioso, en este país el que hace esto es un tío raro, un pedante, un pretencioso, etc. Como una vez contestó Sánchez Dragó a alguien que le llamaba pedante; “Usted también es un pedante, la diferencia entre usted y yo es que usted todavía no se ha enterado de que lo es”.

Pero la radicalidad de Javier Corcobado a la hora de entender el rock en castellano no termina en su manera de cantar, pues su pasión por el puro ruido siempre le ha llevado a condimentar los platos de toda la vida con las más sorprendentes especias que del rock de vanguardia se puedan extraer. Acariciando así con “mano de acero en guante de terciopelo” unas letras siempre clarividentes es “Editor de sueños” otro disco de Corcobado desgarrado e introspectivo, poético y eremítico, errabundo y desconsolado, atormentado, acendrado, onírico y extrañamente real, agresivo a veces, contemplativo las más, y en el que su autor flirtea, quizás más que nunca, con estructuras clásicas del pop.

El disco fue grabado por Fino Oyonarte en la casa estudio de un pueblo en el interior de la provincia de Almería en el que Javier ha decidido alejarse del mundanal ruido, para escribir, para componer, para respirar, para retomar las riendas de la propia vida que las enfermas ciudades de nuestro tiempo nos escamotean sibilinamente.

Se abre este trabajo con la somnolienta “Susurros”, en la que el trovador apela a su única arma ante el desencanto; cantar. Continúa con la pesadilla post-industrial que da titulo al álbum. “No quisiera” es un bolero que combina la abstracción poética con la explícita introspección de pasajes como “Mi conciencia es un tirano”, o el estribillo; “Que valiente es la vida y que cobarde soy yo, que por no asesinar me estoy matando yo”.
“Invernadero” es un desasosegante y tenso instrumental con numerosos y tormentosos pasajes electrónicos. “Amar” es otra de las clásicas letras de Corcobado al desamor, en que la tristona cadencia recuerda inmediatamente a la vieja Europa evocada tan magistralmente por Leonard Cohen. “Orquesta de Perros” es probablemente el tema de corte pop más clásico en el que aparece de nuevo ese “preferiría no hacerlo” de Bartleby el escribiente. No en vano es Herman Melville uno de los escritores favoritos de Javier. “Si usted pudiera matar” es otra canción pop inmediata y onírica. “Origen del fin” es el otro instrumental del disco; centrado en una guitarra de una placidez surfera. “Todo empieza con un beso” es un rock de aires latinos, que retrata a la imposibilidad de ser feliz pero también a la imposibilidad de no serlo de vez en cuando. “Pequeña muerte” es otro hermoso bolero a la muerte, casi teresiano; “Muero por que no muero”. “Bahía Eléctrica” esta compuesta y cantada por Paula Grau, pareja de Javier y miembro de su banda, y es el último tema onírico, y esta vez muy mediterráneo, que precede al agónico desarrollo de 24 minutos de “Exterminense”, que cierra el disco. La portada del mismo es un dibujo de Paula y la metáfora la pongo yo, que veo a Javier Corcobado exactamente así; como un faro en el desierto.

1 comentario

Pepe Koete comentó:

Hey, Iván, gran comentario el tuyo.

Aún espero que nuestro iluminante cheposo reaparezca por Sevilla.

Tuve la suerte de poder ver hace 10 días a los exquisitamente destructores TDeK en Madrid.

Los verdaderos músicos nunca mueren.

Bueno, que un saludo y que "fumando espero la navaja automática de tu voz".

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