“El único lugar donde ella te dejaba fumar. Allí pasabas la mayor parte del tiempo dibujando figuras de humo”.
Su cuarto disco llegaba a las tiendas a finales de septiembre de la mano del exquisito sello Fat Cat. Las claves son las de siempre: su banda de habituales punteando el silencio, Steve Albini haciendo girar la cinta, arreglos mínimos y atentos, y esa descomunal voz. Magia sin artificio. Nueva diana.
“It’s time to make a move. Things might not get better (…) Not much I can think of… We cut down the oak last year”. Estas líneas, sacadas de Why Don’t You Stay At Home, una de las canciones más sentidas de On Leaving, podrían usarse para explicar sus últimos pasos.
Nina Nastasia y su banda, hasta hace muy poco protegidos de Touch And Go, decidía tras tres brillantes trabajos (Dogs (T&G, 00), The Blackened Air (T&G, 02) y Run To Ruin (T&G, 03)) que era el momento de moverse. La cantante-autora neoyorquina ha asegurado que “nada escandaloso” subyace en su decisión de cambiar de sello. “Simplemente moverse, de esa manera en que a veces te mueves…”. Sin malos entendidos, peleas o rencores, sólo impulsos vitales que dictan la dirección a seguir, Nina Nastasia busca nuevos aires en la independiente inglesa, pero repite con su gente de confianza, con su equipo de colaboradores habituales, nombres como los de su compañero sentimental y “organizador musical” (prefieren decirlo de esta manera a hablar de productor y manager)Kennan Gudjonsson y músicos asiduos a su compañía como Dylan Willemsa (viola), Jay Bellerose (batería), Steven Beck (piano) y Jim White (batería) repiten en los créditos de On Leaving. Presente en la producción de todos sus álbumes, Steve Albini vuelve a encargarse de la grabación.
Seguro que el bueno de Albini ha aceptado el trabajo encantado. No es él muy dado a hacer este tipo de declaraciones: “Hay crueles ironías en el hecho de ganarse la vida haciendo discos. En el proceso de grabar un disco, acabas oyéndolo tantas veces que los encantos de incluso los mejores álbumes pueden acabar echados a perder por culpa de la sobre exposición. En ocasiones especiales, discos en los que he trabajado resisten este escrutinio y acaban convirtiéndose en favoritos personales. De estos, un puñado son realmente hermosos y sublimes y los escucho por puro placer. Dogs, el primer disco de Nina Nastasia es un álbum a la vez tan poco pretencioso y tan espectacular que realmente me costaría describirlo (…) De los dos centenares de discos en los que he estado involucrado este es uno de mis favoritos, y uno de los que me hacen sentir orgulloso de haber participado”.
Tras la oscuridad y la tensión que encerraban los surcos de Run To Ruin, Nina gusta de referirse a On Leaving como un álbum “más triste que demente”. Los elementos del disco, guitarras de notas justas aunque más clásicas ahora, cuerdas perfectas en su discreción y en su valor como aderezo armónico, el principal acompañamiento de esos pianos tímidos y de acento clásico que pueden tomarse la libertad de sonar a destiempo e incluso fuera de tono, las percusiones ligeras, arrastradas, y sobre todo esa voz de timbres precisos y preciosos vuelven a generar un conjunto austero, contenido y dosificado, que deja asomar cierta dulzura, un humor menos sobrio, sombrío y grave que en anteriores momentos de su discografía.
“Con nadie que me cuide. Camino sola y estaré bien”.
La voz, menos oscura, menos ensimismada, cantando a veces como si se divirtiera incluso (Our Day Trip, Treehouse Song), recupera el papel de principal protagonista que en anteriores episodios compartía con aquellos perturbadores arreglos de cuerda, aquí sólo presentes, y de manera más subliminal y luminosa en títulos como Jim’s Room o Lee.
“No hay necesidad de ir más despacio. La fiesta fue una risa constante. Cómo mentimos sobre todo”, canta en Brad Haunts A Party; “No vayamos a trabajar esta mañana. No perdamos tiempo en dejar la ciudad. Tenemos suficiente dinero. Veamos hasta donde llegamos. Un sólo día puede hacerlo todo diferente. (…) Puedes contarles que estás malo. Yo prepararé comida para nuestro viaje”, entona en Our Day Trip, la más animada y animosa del lote. Habrá a quien le sorprenda este tono.
En el mundo de Nina Nastasia los silencios suman, las respiraciones imponen su lógica física, los espacios cuentan para hacer de su música -aunque suene muchas veces a canción tradicional, a folk de formas canónicas, a canción de cuna- una experiencia pura, sin atisbo de impostura, que consiga en el oyente una impresión cercana e íntima.
“I’m not hiding anything / I’m not trying to fool you at all”. Lo cantaba en un tema de su segundo disco. Juraría que sigue siendo cierto.