No me pude aguantar. Tenía unas ganas tremendas de escuchar las nuevas canciones de Nacho Vegas, el problema era que venían en un disco compartido con Enrique Bunbury. No tengo ningún complejo de clase; es decir, no es que me echara para atrás Bunbury por pertenecer al mundo de “lo comercial”. Tampoco es que en los últimos años siguiera teniéndole manía por su pasado en Héroes del Silencio y el histrionismo y chulería del papel que representó en aquellos tiempos: todo el mundo tiene derecho a cambiar y él ultimamente venía haciendo las cosas de otra manera. No, la cosa venía de un detalle nimio si se quiere, pero del que a mi me costaba desprenderme, pues lo conservo vivamente en la memoria: en pleno apogeo de Heroes de Silencio (con el “no seas membrillo”), en aquel programa de la 2, “Rapído”(Ruapiiiiiiiiidou), le hicieron una entrevista al aire libre; en concreto en un parque, supongo que de Zaragoza, donde había niños jugando. Bien, pues un niño de no más de tres años, comenzó a hacer ruidos detrás del banco en el que se sentaba Bunbury frente a la cámara; ruidos inocentes, ya que el niño no tenía ni idea de que aquello era una entrevista, y Bunbury se cabreó y le soltó un “!¿pero te quieres callar, coño?!”, que dejó al pobre niño temblando. Bien, si, una tontería, pero muy gráfica de las estupideces que puede llegar a cometer una persona cuando se toma demasiado en serio esta majadería que es Rock´n´roll, y que a mi, lógicamente, me violentó y me indignó tanto que ahora me resultaba muy complicado el no guardarle cierta antipatía. Pero como digo todo el mundo tiene derecho a cambiar y por tanto a ser perdonado, así que casi me sentí obligado a darle a una oportunidad, más teniendo en cuenta que alguna canción suelta que había oído de sus últimos trabajos me había gustado.
Todo esto lo cuento, por si no habéis caído, con la idea de ilustrar el nivel de adicción que las canciones de Nacho Vegas pueden crear. Siempre tiene uno que andar disculpándose por las adicciones, aunque solo sea ante uno mismo.
“El tiempo de las cerezas” contiene 20 canciones en las que el asturiano y el maño van alternándose (una canción uno, otra canción otro), e interpretando cada uno las suyas propias, excepto en el caso de las dos que cierran cada uno de los Cd´s, en los que cada uno interpreta el tema con el que el otro abre el Cd correspondiente. Solo Bunbury interpreta un único tema compuesto a medias por los dos, “Latex”, y solo Nacho hace una versión, “Bravo”, del cantante mejicano Luis Demetrio.
Yo prefiero a Nacho Vegas, me parece mejor músico en general, pero es cierto que Bunbury no desluce; queda la partida bastante equilibrada, aunque también es cierto que Nacho no se sale tanto como en “Desaparezca aquí”, debido quizás a que el principal reto que plantea este trabajo es el de conseguir la unidad de dos estilos afines, pero muy personales y en muchos aspectos divergentes, lo que probablemente llevó a limar peculiaridades por ambas partes. El reto está conseguido, pero ojo, sin ser una cosa empastada y unívoca, en el disco hay casi de todo.
En cuanto a las letras, las hay por ambas partes muy sugerentes, pero hay pocas realmente memorables: hay grandes estribillos, aunque también hay bastante ripio y cierto atropellamiento. Pero, como viene siendo habitual en ambos, hay una libertad léxica que es muy de agradecer, aunque a veces aparece ensombrecida por algún que otro lugar común roquero.
Decía que me parecía mejor músico Nacho, y es que a pesar de ser 6 años menor que Bunbury(¿o le llamo Enrique?), demuestra tener un control mayor del tempo de las canciones, mientras que Bumbury resulta más atropellado, como si se le desbocarán unos temas que acaban redundando en cierta irregularidad, o en un mayor descuido que los de Nacho al menos, pero también es cierto que quizás debido a esto cuando atrapan momentos de emoción son muy emocionantes; eso si, cuando no lo estropea con un barroquismo excesivo en la voz.
Como son veinte canciones no es cosa de ponerse a comentarlas una a una, aunque realmente todas lo merecerían pues todas tienen aspectos paladeables. Es un buen disco por tanto, que tanto tira del mejor pop español de toda la vida, como de un bien digerido folk rock americano, como de la canción de autor, que suele aflorar entre guiños a las músicas centroeuropeas y mediterráneas.
Por tanto creo que merece la pena, es una buena colección de canciones y el aficionado de Nacho Vegas las disfrutará, pues de alguna manera están en él todas sus vertientes y por supuesto todas sus obsesiones, que vete tu a saber por que han tenido tanto calado en un mundillo que se me antoja a mi bastante más superficial.
