Llevaban meses haciéndose oír voces de alarma. Sus maquetas, su buen papel en el Proyecto Demo, la cualidad inflamable de sus conciertos, esas letras cargadas de sugerentes -a veces insondables- imágenes e incorrección política han llevado a Triángulo de Amor Bizarro a cargar con el san benito de “esperanza blanca del indie-rock patrio”, de ese “indie” del que se habla, claro, del que sale en las revistas, porque sigue habiendo del otro…
El debut de Triángulo de Amor Bizarro es un trabajo ejemplar, por varias razones. Su debut huele a carne joven, sabe a labios mordidos, a bocas hinchadas, a noche cargada de polución eléctrica, a complicidad vital y a provocación formal; es un disco que suena urgente y sexual, primario; un escupitinajo de rock canalla, un exabrupto resonante infectado de rabia y química… Angry young men que llegan desde A Coruña a repartir hostias sónicas. Y de tan infecciosas, tú vas, te tocas la cara, y pides más.
Pero además el disco es ejemplar en su calidad de “desenmascarador”… Ciertas plumas están alabando los “aires renovadores” de “una de las propuestas más salvajes y revolucionarias del indie español”, y esto no viene sino a evidenciar la falta de perspectiva y la autocomplacencia con la que hemos juzgado lo nuestro durante estos últimos años.
Entre tanta proposición blanda, hueca y adocenada, ante tanto calco, tanto respeto a las formas clásicas y tanta escena corporativista e inflada, llega una banda como Triángulo ed Amor Bizarro haciendo pop preñado de ruido, afilando lo justo la lengua, diciendo de forma original dos o tres verdades y la gente se pone a hablar de propuestas revolucionarias… Si es así, lo es por acumulación de deméritos ajenos, más que por méritos propios, que los hay, y muchos. El principal: ser un proyecto personal, y no tanto por evitar influencias ajenas (las fuentes de las que beben son claras, sus referentes indisimulables, pero muy bien llevados) como por dejar que la música se empape del universo propio de quienes la conciben.
Su rock de rítmica obsesiva e hipnótica urdido a base de guitarras psicóticas (anfetamínicas, saturadas de ruido pero con matices y ambiente), deflagraciones de bajo (casi siempre distorsionado) y frecuencias “electrocutantes” no sería ni la mitad de intrigantes si no fuera por esas estructuras gramaticales que son puro patchwork, labor de retales que une con dos puntadas momentos de realidades distantes; lucidez o mero entendimiento que llega en forma de destellos, a borbollones.
Los gallegos prefieren las atmósferas densas, sobrecargadas de frecuencias, de polución eléctrica… The Jesus And Mary Chain, My Bloody Valentine, Loop, Spiritualized, Neu!, Surfin Bichos, Ilegales, Stereolab, Prolapse, Six by Seven, Slowdive… Noise, shoegazing, kraut-rock…
¿Qué más dan las paternidades? Canciones como “El Himno de la Bala” (“El mejor sitio para descansar es la Universidad. Aprende a concretar”), “El crimen: cómo ocurre y como se remedia” (“No te fies de la corriente”), “¿Quienes son los curanderos?” (“Portaos bien, hijos de puta. Jesús os mira desde las alturas”), “Mal como efecto de mala voluntad” (“Una vez que te acostumbras hay algo mágico en que te rompan las pierdas”) o “Isa Vs El partido comunista” (“Lo malo del Gobierno es que gobierna”) se bastan y se sobran para cerrarte la boca.
33 minutos que se hacen cortos. Media hora de marejada sónica, que provoca espasmos, que obliga a las repeticiones Y eso que para mi gusto están algo contenidos de más…