Lo confieso, soy un rendido admirador de los Beach Boys.
Quizás en foros específicos como este, con gente que no sólo sabe de música sino que también le gusta, esta afirmación pase por ser algo normal o comprensible pero pongo a Dios por testigo que no siempre ha sido así.
Si bien puedo asumir a regañadientes que la masa sin apellido que aparece en las estadísticas siempre ha asociado (y asocia) los Beach Boys con el Surfin’ safari o el Barbara Ann dándole el mismo valor artístico que a Georgie Dann o a King Africa lo sorprendente es que mucho “enteradillo” que conjuga verbos en alguna publicación cool no anda muy alejado en cuanto al concepto que tienen de la banda de California. Evidentemente no tiene nada que ver con el emo-core ni con las publicitadas excentricidades cool de por ejemplo Arcade Fire pero es que encima no solo son conocidos sino que se les podría enmarcar en ese “cáncer” para el indie del indie que es la música de los 60.
Independientemente de los gustos de cada uno, que son todos muy respetables, no reconocer que la cabecita del señor Brian Wilson es cuando menos un talento fuera de lo común (complementado con los muy dignos pero eclipsados talentos de su familiares con los que compartía banda), la originalidad de una banda única en muchos aspectos y el peso que ha tenido en muchos de los magníficos discos que se han grabado después, es digno solo de ese extraño espécimen conocido como crítico musical y más concretamente de esa subespecie conocida como crítico musical de revista de vanguardia.
Todo esto viene como personal e inútil pataleta cuando tres ínclitos “enteradillos” de patillas kilométricas, camiseta escrupulosamente decolorada y amplio ancho de banda en el ordenador se descojonaron de mi cuando los puse entre mis grupos favoritos. Como descubrieron hace unos meses que sabía quien era My brightest diamond, Aberfeldy o Mika empezaron a hablarme en los pasillos. Ahora supongo que dejarán de hacerlo. Así funciona el cerebro del indie patrio y por eso es tan complicado ser cool y escribir con ñ.
El caso es que volví a mi casa enfadado y decidí escucharme un disco entero del tirón empleando la estrategia del avestruz que tan “buenos” resultados me da. Ni reniego ni renegaré de la etapa Surf de los Beach Boys pero soy capaz de reconocer que no es su mayor logro. Este sin duda hay que buscarlo alrededor de los años en los que publicaron Pet Sounds y dejaron de publicar Smile, pero con esto no descubro nada nuevo.
No, tenía que ser más radical.
A partir de la publicación del 20/20 unos descabezados Beach Boys se adentran en una tortuosa e inexplorado bosque de discos sacados con el sello de Brother Records. En esa jungla puede aparecer de todo pero no todo precisamente bueno. Es una época interesante en cuanto a lo sociológico pero bastante “difícil” en cuanto a lo musical, especialmente para personas no muy fans del grupo.
Aun así decidí dirigir mis pasos a esa pérdida jungla y de allí decidí escuchar Love You para redimirme, un disco al que tengo especial cariño y del que recomiendo una escucha reposada a todos aquellos que sientan debilidad por esta gente y en especial por Brian Wilson.
Curiosamente publicado en 1977 significó la vuelta de Brian Wilson a la dinámica del grupo. Es un disco raro, diferente de lo que estaban haciendo entonces y donde con una producción moderna para la época basada en sintetizadores (que se acerca peligrosamente a las horteradas de los 80) envuelven un puñado de preciosas canciones con el indiscutible sello de Brian Wilson.
A mí me sirvió.
