Andaba yo en mis años púberes ojeando la extinta revista Boogie cuando reparé en una entrevista con ese curioso personaje que es Mike Scott y más concretamente en una lapidaria frase que el susodicho dejó para la posteridad: “la música está por encima de la amistad”. Aquello se me quedó grabado.
Los Waterboys nunca han sido un grupo. La dos o tres veces que estuvieron cerca de serlo (sobre todo tras la grabación de This is the sea donde Karl Wallinger empezó a tomar protagonismo) Mike Scott acababa expulsando siempre al elemento “conflictivo”, es decir el que pensaba diferente a él, formando siempre otra banda más a su gusto y dejando por el camino colaboraciones potenciales, grandes talentos, músicos…y amigos. A eso se refería el amigo Mike en su entrevista. Entonces me pareció de una soberbia increíble y que lo decía simplemente para justificar algo tan injustificable como que el concepto de grupo de música era algo imposible (para mi y entonces un concepto incuestionable). Más tarde entendí que lo decía con sinceridad y hoy empiezo a sospechar que a lo mejor hasta tenía razón.
La anécdota desde luego no es única. La historia del rock & roll está plagada de ejemplos parecidos o similares. Los grupos donde aparecen varias “cabezas pensantes” acaban mal-conviviendo unos pocos años hasta que dejan de ser un grupo. Amigos de la infancia terminan siendo encarnizados enemigos que batallan sobre el papel couché para el resto de sus días. Los Beatles acabaron grabando y produciendo cada uno sus propias canciones manteniendo la vitola de un grupo que no era hasta separarse malamente para siempre, Sting acabó hasta las narices de Stweart Copeland, A morrisey le sobraba Jonhy Marr y a Jeff Tweedy le sobra todo aquel que pretenda ir más allá de lo establecido. Simplemente por poner un ejemplo de cada década.
¿Es posible formar realmente un grupo de música en el que todos los miembros sean realmente iguales?
Durante mucho tiempo no sólo estaba convencido de ello sino que una forma casi inconsciente renegaba a priori de los discos firmados por solistas. De alguna manera (estúpida, no cabe duda) asumía que me interesaban más las propuestas maquinadas por un conjunto de cabezas que cualquier ego-maníaca elegía de algún superdotado que se sentía capaz de hacerlo todo. Evidentemente he superado esa absurda enfermedad pero muy probablemente cuando poco a poco fui descubriendo que mi planteamiento era erróneo y que muchos nombres de grupos que yo pensaba que eran grupos mostraban en realidad el pseudónimo bajo el que se esconde una personalidad concreta más o menos apoyada por personalidades secundarias. De hecho hay muchos ejemplos de discos de solistas mucho más compactos dentro de la diversidad que otros firmados por presuntas bandas multi-cerebrales que realmente resumen dos o tres grupos en el mismo nombre.
¿Es realmente la creación musical una cosa de varios o siempre tiene que haber un director de orquesta definido?
¿Puede un grupo musical ser un ente democrático sin que la música se resienta?
La cabeza me dice que si pero la realidad me demuestra lo contrario.
