Séptimo álbum de los valencianos, séptima baldosa en un camino que, si bien a todas luces está cada vez mejor asfaltado, no deja de asumir sus pequeños riesgos. Lo suyo es ejemplo de integridad y trabajo, auténtica carrera de fondo, constancia, perseverancia y confianza a la hora de desarrollar un sonido, una estética y una personalidad lírica que a día de hoy poco le debe a nadie.
De nuevo con Steve Albini colocando micrófonos y jugando al pocker online mientras supervisaba la grabación desde la mesa de mezclas, Jorge y Pau han decido tensar las cuerdas de sus guitarras (Jose y Marc les secundan con pegada y músculo) para entregar un disco crudo y aguerrido, cortante e inflamado, más directo, más rock, incluso post-punk; “Duro y directo al corazón”, dicen –no sin razón- desde su sello.
“Cuando ya no quede nada”, sin suponer un volantazo en su carrera, parece cualquier cosa menos un disco de continuidad. Perfeccionando su fórmula mágica para unir sensibilidad pop, electricidad controlada y emociones a flor de piel, La Habitación Roja entregan once nuevas canciones en las que, más allá de la tantas veces reiterativa esfera de lo sentimental, la banda parece plantarse más que nunca sobre la tierra que pisan y, siempre jugando con los contrastes, toman partido en unas letras más adultas que combinan emocionalidad introspectiva, nostalgia y aires taciturnos –terrenos habituales en el universo lírico de la banda- con análisis de la realidad social y hasta invectiva política (más clara que nunca en la directa “Tened piedad del expresidente”). La cosa pinta oscura, pero siempre aflora algún tipo de sentimiento optimista, de esperanza.
A nivel sonoro, el marchamo de los estudios Electrical Audio se deja notar en títulos como “Nuevos tiempos”, “No hay dinero” o la “La vida moderna”, al lado de “Posidonia” o “Lejos de la gran ciudad”, algunas de las mejores canciones que han grabado nunca.
Enérgicos y austeros. También irregulares; los momentos más introspectivos -“Los amantes y la paz” o “La destrucción o el adiós”- no funcionan tan bien en el conjunto. Lo que suena es lo que hay, con sus defectos y sus virtudes, sin maquillajes ni imposturas.













