Ya no sé si me gustan o no los festivales.
Por un lado, reunen a gente interesante, mezclan jovenes promesas con artistas consagrados, hacen que escuche música gente que no lo hace habitualmente y me lo he pasado muy bien en muchas ocasiones (la verdad es que era cuando iba de espectador puro, cuando vamos a trabajar allí, aunque siempre hay magnífico ambiente y trato con la gente, es otra cosa).
Por otro ves a gente que no tiene ningún interés por la música, y su proporción no es despreciable. Grupos magníficos como Clem Snide o los Happy Losers en horarios penosos, coincidiendo además, en un alarde de inteligencia del programador, con Teenage Fanclub. Y gente probando el aguante de su cuerpo a las sustancias estupefacientes mezcladas con alcohol y varias noches sin dormir, destilando un repugnante olor…
Claro que no estoy hablando de maravillas como el Felipop, del que seguro muchos de los que leeis esto tenéis cosas que contar… eso sí que es una demostración de buen gusto, hospitalidad, un marco incomparable de playas y montañas y ambiente de casi hermanamiento entre los asistentes.

