30 de julio. Los termómetros en Madrid alcanzan temperaturas infernales. Ni Gabriel Fahrenheit ni Anders Celsius ni el mismísimo Luzbel estarían preparados para sentir cómo el asfalto del Paseo de la Castellana se derrite a nuestro paso, humildes personillas obligadas a arrastranos de casa a la oficina y de la oficina a casa.
¡Dichosos vosotros que disfrutáis de días de asueto!
Una sola pregunta me reconcome por dentro: ¿Era realmente necesario publicar esto ?
