Cuando uno va a un concierto justo después de que el artista en cuestión haya sacado un disco, siempre tiene la mosca tras la oreja de que el susodicho le largue el disco enterito antes de que siquiera haya tenido tiempo de oirlo, y esto fue lo que pasó ayer en Leganés.
Quique González cuenta con un nutrido grupo de incondicionales (entre los que me encuentro) capaces de abarrotar cualquier auditorio, sean cuales sean las circunstancias adversas: sonido deplorable (La Riviera), entradas a precios nada populares (Palacio de Exposiciones y congresos) etc; tampoco nos iba a desanimar la certeza de que iba a rellenar el repertorio con temas de su ultimo disco, "Avería y redención", que apenas llevaba 3 semanas en las tiendas. Dicho disco, todo sea dicho, con canciones claramente prescindibles; su reciente aficción por el piano y la ausencia de Carlos Raya han hecho mella en lo que podía haber sido un disco correcto si hubiera reservado 5 ó 6 canciones para las caras B de los singles (bendito vinilo que limitaba la duracion de los discos; no obstante, Quique ha sacado el disco tabién en vinilo... !doble!). A esto de meter el ultimo disco enterito en el concierto..mmm..le encuentro cierta semejanza con lo que ha hecho Deluxe en sus ultimos conciertos; se me ocurre que lo mismo el fichaje de ambos por sendas multinacionales tenga algo que ver. ¿Será que al final no son tan independientes como pretendían?
Pero bueno, lo dicho, allí estaba el auditorio, repleto y expectante, y allí apareció Quique con "la Aristocracia del barrio": su habitual Jacob al bajo, Javi Pedreira a la guitarra (chapeau) y Karlos (de la banda de Ivan Ferreiro) a la bateria. Una banda magnífica que ofreció una ejecución impecable durante toda la velada. Tras unos cuantos conciertos de Quique a mis espaldas, uno se da cuenta de que Quique lo borda sea cual sea el formato: él y su guitarra, acústico con banda pequeña o grande, formato eléctrico...
Tras comenzar con un guiño a la nostalgia con "Los conserjes de noche" se despachó cinco o seis seguidas de su último disco (que, como repito, para mi gusto, tiene más avería que redención) incluyendo las lentitas que rompen completamente el ritmo del concierto, como una "Betty" a la que sigo sin encontrarle el ritmo, la rima ni el compás. De las antiguas, se marcó una estupenda versión (ampliada) de "permiso para aterrizar" y una rebautizada (hay un) "polvo en el aire" (tenemos algo pendiente), momento en el que se ganó la simpatía del público con el chiste. Ya antes había arrancado las risas del respetable con la presentación de los miembros de la banda, mezclando su pose de chico tímido con el oficio de monologuista del club de la comedia.
No obstante mis reticencias por el nuevo disco y el repertorio del concierto, he de decir que la banda dio un concierto estupendo para el que se hubiera chapado el ultimo disco... y le hubiera gustado.
Definitivamente, me gustaba más cuando era capaz de convertir en un disco espléndido 17 maquetas sin pretensiones. Le doy un aprobado justito para su ultimo disco (inflado de relleno) y su concierto de promoción. Venga, un bien, para que no me llamen rácano.
Pero que conste que porque y sólo porque había puesto el listón muy alto.