Reconozco que no soy una gran aficionada al cine. Pocas películas han sido capaces de transmitirme lo que me transmite una canción, pero todo es distinto cuando se trata de una película que se basa en la música y con una banda sonora como la de Once.
Dirigida por John Carney, Once es una película sin ningún tipo de ambición, pero que a través de su extrema sencillez atrapa al espectador desde el primer minuto. Protagonizada por Glen Hansard (cantante del grupo irlandés The Frames) y por Marketa Irglova (compositora checa de tan sólo diecinueve años), los cuales firman la genial banda sonora, es imposible no dejarse arrastrar por este filme si se es un amante de la música.
Dos protagonistas sin nombre, su forma de ganarse la vida en Dublín, su amarga historia de amor y dos relaciones de las que todavía no se han recuperado, y sobre todo música, mucha música. Eso es Once. Ni grandes efectos especiales, ni grandes actores, sino un par de músicos que medio-interpretan. Dos semanas de rodaje y 120000 euros de presupuesto. Una historia sencilla y sobre todo con los pies en la tierra, una película sincera. Una nueva forma de entender el musical, sin actores que sin previo aviso comiencen a cantar y a bailar en la calle sin aportar nada al argumento.
La representación natural de la intimidad entre los protagonistas, sin forzarla en ningún momento, sorprende, las escenas de amor se sustituyen por duetos que hablan por sí solos. Imposible no emocionarse con su improvisado Falling Slowly en la parte de atrás de una tienda de instrumentos, o con Glen Hansard interpretando Say it to me en las calles de Dublin, dejándose la garganta en medio de la noche. En Once, una nota vale más que mil palabras.
Ganadora del premio del público en el festival de Sundance, es imposible resistirse a esta deliciosa película irlandesa (eso sí, con un horrible doblaje) que se encuentra ahora mismo en los cines españoles.
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