Vaya por delante que a mí “The Last Laugh” (Acuarela, 04), segundo largo de Aroah, me parece una pequeña joya. Quizás sea por eso, por empezar a medir con un rasero muy alto, que el nuevo disco de Irene Rodríguez Tremblay, ligeramentee virado hacia terrenos musicales más pulidos y alisados, me parece un trabajo menos fresco, dinámico y emocionante.
A la vista de las nuevas canciones parece claro que “En el patio interior” (el EP que publicara en el 2005) significó un punto de inflexión para Aroah, el comienzo de una nueva etapa en la que componer sólo en castellano unas canciones más aseadas y accesibles que pueden llegar a sonar comerciales sin que eso sea malo.
A nivel musical el conjunto (apenas 27 minutos) resulta más suave, limpio y templado; más anodino y estándar que antaño, ganando protagonismo baterías y pianos demasiado entregados al tic jazzistico (en clave de soft jazz o jazz pop de escuela europea) que no siempre le sientan bien a las canciones. Son los textos de Irene (reflexivos, irónicos, ingeniosos, sinceros…), de lo mejor que ha dado el pop en castellano en los últimos años, los que mantienen “El día después” en niveles compositivos altos; los textos y su voz, sonando serena, cercana e íntima, escribiendo desde la piel, cantando desde el tuétano.
“El día después” es un disco otoñal, calmoso y entero. Confusión, arrepentimiento, hastío, júbilo, esperanza y dudas van de la mano en unas letras que hablan de amor, de pérdida o del absurdo cotidiano.
Ruidos urbanos de pasos, sirenas y coches, puertas que se cierran; lugares a los que se llega. “Cientos de días y de escaparates después te arrepientes de este vestido amarillo de reírte de la suerte”. Cajas de música y voz dando color a “Amarillo”.
Folk-pop reposado y ligero vaivén jazzistico para “En los días cuerdos” (“A veces recuerdo el sabor de las cosas que ya no siento. Y miro sin ver mi vida sin ser. Es tonta la pena, es tonta y tan vieja que llorar sólo sirve para eso”), una de las mejores y más sentidas canciones del álbum junto a la más atonal, repetitiva y extraña “Canción para follar” (“Cantaré lo que quiero. Callaré mientras bebo. Y si es para olvidar o para revelar secretos mejor, mejor callar (…) Y las bromas aparte, todo ha sido un infierno. Las personas cobardes nos morimos del miedo.”).
La irónica “La escala de las cosas” despista mezclando frases en tres idiomas, y sorprende gracias a ese puente bailable, entre el disco-funk y el acid-jazz. La enigmática “Cifras”(“Nadaran cuando aprendan. Tampoco sé de lo que esperan de mí. Quizás algún día lo entiendan y yo sabré que lo que quieren decir es eso…”) exhibe arreglos más coloristas y vistosos, trompetas con sordina entre la fanfarria y el pop ligero y orquestado de A&M Records o Boy Omega.
De psicodelia ligera y crepuscular han decidido vestir La Maleta” (“Cada día haciendo la maleta sin saber llevar las espaldas rectas”), miniatura de poco más de minuto y medio que da paso a dos de los momentos álgidos del álbum: el desnudo tema que le da título (“El día después del despecho dejaré de fingir que sé lo que estoy haciendo”) y, sobre todo, “Pequeña y verde”, luciendo un curioso swing de fiesta vaquera y una espiral verbal de cinética fluida que hace brillar una de las letras más logradas que uno recuerda haberle oído cantar a Aroah.
“Estuve dando vueltas al por qué pido perdón por hacer algo que resulta natural, cometer un error normal. Descubrir la razón por la que me vuelvo verde de envidia cuando otros consiguen lo que ni siquiera intenté, violeta pequeña pensando en las veces que hice el ridículo por timidez. Y aprendí que no hay que medirse en los ojos de aquellos que miran y sabes que buscan por dónde empezar a sentirse especiales, los muy subnormales, porque tienen algo que criticar. Verde de envidia, violenta y pequeña, violeta y deshecha, promiscua y estrecha, torcida y derecha… Soy un mini-bar”.
A capella (“Por no querer nada, ya no quiero a nadie”) se cierra un disco mesurado y cálido, moderado y bonito, al que sólo se le puede echar en cara la no asunción de mayores riesgos a nivel instrumental.



