Ayer en El Sol en el concierto de Cooper viví una de esas noches inolvidables que pasan al puñado de los mejores recuerdos. Me emocioné como hacía tiempo que no me pasaba (uno llega incluso a creer que la música ha perdido la capacidad de emocionarle como antes). Y será que soy un paleto, ignorante, superficial o que no entiendo de música, pero Wilco no me emocionan lo más mínimo, y con Cooper casi se me saltan las lágrimas en varios momentos.
Los ingredientes básicamente fueron tres: uno de mis pocos ídolos de toda la vida, un repertorio espectacular (impresiona la cantidad de canciones memorables que tiene Cooper en estos pocos años de vida) y ver a un amigo de siempre con el que compartí mi admiración por Los Flechazos sentado a la batería.

Foto: Nacho Ballesteros
Empezaré por lo último: Nacho García, al margen de ser amigo mío, es un batería descomunal. Ojalá siga sin creérselo y se siga ruborizando con cualquier elogio, porque así era ya antes de empezar a tocar con los Winnerys o los Shannons, cuando ya era buenísimo, y el resultado es que desde entonces ha crecido vertiginosamente hasta convertirse en uno de los mejores baterías de este país: una pegada brutal, el ritmo clavado siempre, ningún error y permitiéndose el lujo de hacer coros sin parar, siempre perfectamente entonados. Lo siento Nacho, estoy seguro de que te ruborizarás al leer esto cuando volváis de Toledo pero es lo que pienso. Me impresionó el comentario de Fausto Martín ("Sugar Winnery"), un músico meticuloso como pocos, que me dijo que "nunca había visto a Nacho equivocarse en directo". Nacho disfrutaba como lo habría hecho yo si hubiera cumplido ese sueño que él ha cumplido, y yo disfruté como si fuera yo el que estaba ahí subido. Escribiendo esto me vuelven a dar escalofríos.
Del resto, un concierto casi perfecto de Cooper, sonido, actitud y repertorio perfectos. Me encantó escuchar "La avenida de cristal", una de mis favoritas que supongo no es fija en los conciertos, y de hecho fue con ella con la que me decidí a llegar a empujones a las primeras filas. Al llegar, Nacho sonrió y Alex me saludó también, ¿qué más se puede pedir? Comprendo que parezca la crónica de una especie de groopie, pero es que creo que es algo así. Me habría quedado hasta el amanecer persiguiéndoles de bar en bar y hoy estaría en Toledo si no tuviera mis obligaciones laborales y familiares.
