¿Un genio? Hombre, eso depende de donde ponga cada uno el listón, pero lo cierto es que Josh Rouse es un compositor de sólido talento y más que contrastado oficio.
Si hasta entonces lo había apuntado en tres discos demasiado irregulares, en “1972” (editado hace un par de años) dio la campanada, e hizo del que ahora acaba de publicarse uno de los discos más esperados de los últimos tiempos.
Y bueno, quizá no llega a la altura de “1972” (un disco, por cierto, de cinco estrellas), pero “Nashville” es desde luego un precioso disco de pop delicado y suave, pero al tiempo vitalista y luminoso.
Menos personal y especial que su precedente, es curioso como este álbum entronca más con el pop británico de los ochenta (¡si a veces se parece incluso a los Smiths!) que con cualquier cantautor americano de su generación.
De cualquier manera, Rouse antepone las canciones a cualquier otra consideración, y eso da como resultado un álbum que rueda desde la primera hasta la última, que se deja escuchar con placidez, que va tejiendo con cada escucha vínculos cada vez más poderosos con el oyente.







