El pasado 20 de noviembre, me hice eco en este foro de una noticia que me llenó de ilusión, pero que nunca llegó a producirse. Supuestamente, Teenage Fanclub iban a tocar el 23 de febrero en Madrid, pero ese concierto nunca se celebró. En ese blog, explicaba mi curiosa experiencia con los de Glasgow: “Siendo mi grupo favorito con mucha diferencia sobre el resto, aún no he tenido la suerte de ver un concierto suyo”, decía. Viajes, enfermedades, y un largo etcétera, me privaron durante años de disfrutar en directo con una banda que me ha convertido en un gran amante de la música. Tras confirmarse finalmente que no iban a tocar en Madrid, y después de un baile de fechas y lugares que me hizo temer por una suspensión de sus actuaciones en España, temí que mi maldición fuera a persistir… pero nada más lejos de la realidad.
Hace más de un mes se confirmaron las fechas de los conciertos de TFC, y me decanté (gracias Adolfo) por la opción malagueña. Reservadas entradas, hotel y avión, el día 1 de marzo de 2008, estaba señalado en mi calendario como el gran día, aunque no esperaba que fuera tan sumamente grande.
El pasado sábado, viví una noche mágica, una noche que cualquiera que ame y sienta la música, habría soñado vivir con su grupo favorito. Ese sueño comenzó a las ocho y media de la tarde cuando, sentado en el asiento 1 de la fila 8 del patio de butacas del Teatro Cervantes, vi aparecer en el escenario a Norman Blake, Gerard Love, Raymond McGinley y Francis McDonald. Por fin, después de (unos) doce años, tenía ante mis ojos a mi grupo favorito.
“This is a beautiful place” dijo Norman. “For a beautiful band” le contestaba alguien desde el patio, convirtiéndose en el portavoz de un público entre el que se podía ver a gente de Los Planetas, Lori Meyers o Airbag (hola Adolfo). El concierto respondió a lo que esperaba. Tocaron prácticamente todos sus himnos… aunque son tantos que, lógicamente, algunos se dejaron en el tintero. El sonido fue bueno, el entorno era fantástico, e incluso creo que ver el espectáculo sentado (cosa que al principio no me hacía mucha gracia) al final resultó un acierto, porque me permitió disfrutar sin que nada me distrajera.
Tras una hora y media de concierto, salimos del teatro con las manos doloridas de aplaudir, con la garganta cansada de cantar, y con esa sensación que tan bien describe Kiko Veneno en ‘Satisfacción’: “Me gusta a mi sentir la vida, de vez en cuando te invita y te convida, y te da satisfacción…”. Pero aún quedaba más, mucho más convite, mucha más satisfacción…
Un fan con una cámara en el bolsillo es peligroso, así que nos fuimos a la caza de la foto. Tras esperar un buen rato en la puerta de salida equivocada, una persona del equipo nos dijo que habían salido por otro lado, pero que iban a tomar algo cerca del Teatro. Hicimos un pequeño reconocimiento por la zona, y finalmente los encontramos en el restaurante “Acanto”. Creo que uno, por muy fan que sea, debe de ser siempre educado y respetuoso así que, lejos de molestar al grupo mientras cenaba, decidimos esperar tomando algo en la barra que estaba pegada al baño.
Transcurrido un rato, las necesidades fisiológicas comenzaron a pasar factura. El primero que pasó ante nosotros fue Raymond. Le pedimos hacernos una foto con él y respondió encantado, le felicitamos por el concierto y se marchó a la mesa. Después apareció Norman con el abrigo puesto. Le solicitamos y nos dijo que volvía en unos minutos, que iba a recoger una guitarra que se había quedado en el teatro. Dicho y hecho. Regresó y no hizo falta asaltarle. Cordial, y simpático se acercó a nosotros, que en ese momento estábamos de charleta con Francis, el siguiente que se meaba, y que nos estaba contando sus proyectos (tiene escritas canciones propias aunque de momento dice no tener tiempo para “Niceman and The Bad Boys” porque está produciendo a varios grupos de Glasgow, entre ellos “Camera Obscura”). Norman resultó también un tipo encantador. Le preguntamos porqué no habían tocado en Madrid, y nos dijo que seguramente lo harán en verano porque tienen preparada una gira larga.
Sólo quedaba Gerard. Habíamos tomado ya el postre y degustábamos un combinado cuando se apagaron las luces y apareció una camarera con una tarta entonando el cumpleaños feliz dirigiéndose hacia una mesa del local. Los Teenage Fanclub ¡¡se pusieron a cantarlo también!!... Yo me quedé con ganas de aprovechar la ocasión para pedir “Slow Fade”, que no la habían tocado, pero no me pareció correcto.
Y al fin llegó Gerard. Nos pareció bastante más tímido que el resto, pero aún así sonrió cuando le bromeamos sobre su capacidad de retención, y accedió encantado a hacerse la foto. Después nos contó que tienen material nuevo, y que lo publicarán en España en pocos meses. Se completaba el cuarteto, y además nos daba la noticia que todos los fans de TFC esperamos desde “Man Made”.
Había sido perfecto. Terminado nuestro copazo, pedimos la cuenta. Cuando nos disponíamos a pagar, apareció de nuevo Norman y volvió a saludarnos. Le dijimos que nos íbamos y le felicitamos otra vez por el concierto. Él nos agradeció a nosotros que hubiéramos ido. “Nos vemos en Madrid”, le dije. “Eso espero”, me contestó. Y entonces, me salió del alma. Le miré a los ojos y le dije: “Thanks for your music”… Norman me abrazó.
No creo que pueda olvidarlo en la vida… esa que de vez en cuando te invita y te convida, y te da satisfacción. Mucha satisfacción.
