Desde primeros de enero tenía señalado en una agenda manuscrita, llena de signos, letras y números muchas veces ininteligibles para su propio autor, las siglas TFC junto a la fecha del 28 de febrero.
En un mundo saturado de siglas, las siglas TFC quieren decir más bien poco para la mayoría, contrariamente a otras bien conocidas como DGT, ONU, FBI, TVE, etc, pero para mí significan mucho.
Volviendo la vista atrás, haciendo caso omiso a lo que nos recomienda la banda Teenage Fanclub en una de sus canciones, las siglas TFC están unidas a un puñado de sentimientos que han coloreado en momentos puntuales mi singladura vital.
Sensaciones de cierta frustración cuando a principios de los noventa era necesario viajar a Madrid para verlos en directo, viaje casi utópico para un quinceañero, en el momento en que empezaban a sorprender. De rabia cuando, por fin a punto de disfrutar de su directo, una nube traicionera impidió su actuación en el FIB del 97. De ansiedad cuando al año siguiente pude disfrutar de un magnífico concierto de … ¡sólo 40 Minutos!
El día 28 llegaron a Murcia y allí tuve sensación de sorpresa por ver que los TFC quieren decir bastante para mucha más gente en mi ciudad de lo que esperaba, pero sobre todo el sentimiento de que a veces si esta bien volver la vista atrás, con orgullo, sobre todo si allí hay un montón de buenas canciones.