
Notable compositor y versátil intérprete, Adam Green pasa por ser uno de los personajes más celebrados por los aficionados al pop independiente contemporáneo. Después de su singular periplo a bordo de los Moldy Peaches, Green emprendió en 2002 una sugestiva carrera en solitario que ahora llega a su quinta entrega con el excelso y brillante “Sixes and sevens”, disco recién publicado que el neoyorquino de adopción presenta estos días en nuestro país. Ayer gustó lo suyo en Barcelona; esta misma tarde estará actuando en la Sala Heineken de Madrid.

Tu última visita a Madrid fue un tanto “accidentada”, ¿qué recuerdas de ella?
La verdad es que no mucho. Fue en el festival Summercase, en un lugar en medio del campo… La verdad es que bebí bastante. Es todo muy confuso, pero recuerdo perderme por el bosque y ponerme a tocar para un perro que había por allí. Del concierto no me acuerdo prácticamente de nada, pero puedo aseguraros que esta vez va a ser muy distinto.
Empezaste con Moldy Peaches cuando apenas eras un niño. ¿Cómo valoras aquella época?
Fue mi escuela como músico, pero también como persona; en realidad, apenas conservo recuerdos anteriores a The Moldy Peaches, ya que formé el grupo cuando solo tenía doce años. Fue algo definitivo para mí. En todas sus fases fue muy importante. La primera fue cuando simplemente nos juntábamos a tocar la guitarra y hacer algunas grabaciones en la cocina o en el sótano de casa. Luego a mi padre le llamaron para trabajar como profesor en la Universidad de Columbia, así que nos mudamos a Nueva York. Eso fue muy importante, porque ya empezamos a tocar en algunos bares y a formar parte de la escena de la ciudad. La tercera fase empezó cuando logramos un contrato discográfico y empezamos a girar por Estados Unidos y por Europa.

Después de separaros, decidiste seguir en solitario. ¿No te planteaste formar otra banda?
Durante la última etapa de Moldy Peaches solía pasarme todo el día escuchando a Frank Sinatra, a Chet Baker, a Scott Walter, Nick Drake y gente así y la verdad es que empecé a pensar que lo me de verdad me apetecía era hacer algo en esa dirección. Por otro lado, empecé a perder seguridad con respecto al repertorio de Moldy Peaches. Pensaba que algunas canciones eran realmente buenas, pero otras no me convencían del todo, así que pensé que era mejor ser yo solo quien tomara todas las decisiones; si me equivocaba, prefería que fuera responsabilidad mía. Me gusta tener el control sobre todo lo que afecta a mi música, y estar en una banda implica ceder terreno a los demás.
¿Y no echas nada del hecho de estar en un grupo?
La verdad es que no, porque con el grupo con el que toco ahora tengo todo lo que necesito. Salgo de gira con mi novia y con mi banda, ¿qué más puedo pedir? Me siento muy a gusto tocando con ellos y el aspecto lúdico y de camaradería con los músicos está más que satisfecho de esta manera.

¿Serías capaz de formar parte de una banda, un proyecto paralelo o algo así?
Tendría que ser algo muy especial… que los Stooges se quedaran sin cantante y me llamarán a mí, que me llamaran los Doors… bueno, lo de los Doors no estoy seguro de que funcionara muy bien.
Tus canciones casi siempre suenan muy optimistas. ¿Eres una persona optimista?
Sí, creo que sí; me gusta mirar el lado bueno de las cosas.

¿Eso te inspira? Ya sabes que la mayoría de los compositores dicen que les inspira más la tristeza que la alegría…
Es cierto, pero a mí me ocurre lo contrario. Cuando estoy triste me dedico a ver la tele o directamente a no hacer nada. En cambio cuando me siento contento, me gusta levantarme temprano, hacerme un café y darme una vuelta por mi barrio. Luego vuelvo a casa, cojo la guitarra y me pongo a hacer canciones. Es una sensación muy agradable.
Tu nuevo disco, “Sices and sevens”, me parece más abierto, más variado y con arreglos más trabajados y diferentes…
El proceso de creación y de grabación de este disco ha sido bastante diferente del resto, lo que hace que el resultado sea también diferente. Estoy acostumbrado a hacer mis discos más o menos rápidamente, grabándolos en un par de semanas. Sin embargo, en esta ocasión mi compañía me dijo que no quería editar el nuevo álbum en 2007, así que me tomé las cosas con más calma y me dio tiempo a elaborar más las canciones, pensar más en los arreglos y todo eso. Hay un montón de arreglos, de instrumentos, que antes no había metido en mis discos y que ahora sí están. Para mí era una especie de desafío, porque no sabía hasta qué punto iba a ser capaz. Al final, creo que ha quedado muy bien. Me parece un disco más definido… Un aspecto en el que he trabajado mucho ha sido el de las voces. Creo que hay una gran variedad en los arreglos vocales, algo de lo que estoy muy orgulloso.


