Bo Diddley y su inconfundible guitarra eléctrica de forma rectangular no volverán a subirse a un escenario. El “Gladiador Negro” fallecía en la mañana de ayer en su casa de Archer, Florida, a causa de un fallo cardíaco, el segundo que sufría en los últimos meses, que acabó por diezmar su ya muy debilitada salud. Tenía 79 años.
Bo Diddley, nacido Otha Ellas Bates el 30 de diciembre de 1928 en una granja algodonera situada entre las localidades de McComb y Magnolia (Mississippi), siempre fue un personaje excéntrico, iconoclasta e innovador. Lejos de adaptarse a los sonidos más en boga en cada momento, Diddley se lanzó a mediados de los años cincuenta a desarrollar un estilo sonoro único y personal (estilo crudo y distorsionado que conseguía sumando al rasgeo nervioso y repetitivo de su guitarra el golpeo percusivo de las cuerdas del instrumento, generando un efecto como de eco seco y corto que potenciaba el componente rítmico sobre el armónico) cuya influencia se puede rastrear a lo largo de décadas posteriores en infinidad de músicos de éxito.
Desde Buddy Hollie hasta The Rolling Stones, desde Chuck Berry hasta The Yardbirds, The Who, The Animals o Bruce Springsteen… Todos han reconocido en algún momento de su carrera lo mucho que le deben a ese auténtico pionero sonoro que fue Bo Diddley, un personaje básico para entender el desarrollo durante los años cincuenta de esa forma musical nueva llamada rock’n’roll surgida como derivación hedonista y liberadora de los sonidos dolientes del blues negro.
Discos seminales como “Bo Diddley” (Checker/Chess, 57), “Go Bo Diddley” (Checker/Chess, 59) o “The Originator” (Checker, 66) tienen un lugar asegurado en la historia del más genuino rock’n’roll.
Descanse en paz.
