La edición digital de el diario El País publicaba el pasado sábado un jugoso artículo firmado por Íñigo López Palacios en el que se da voz a los máximos protagonistas de lo que se ha dado en llamar “Guerra de Festivales”.
José Morán en nombre de Maraworld (empresa organizadora del F.I.B. Heineken), Alfonso Santiago de Last Tour International (firma organizadora de los festivales Getafe Electric Festival, KobetasoniK, Bilbao BBK Live, Azkena Rock y Cuva) y José Cadahia, director de Sinnamon (responsables del Daydream Festival, Creamfields Vigo, Creamfields Andalucía, Ola, Summercase, Forward o Wintercase) opinan sobre el tema y dan alguna que otra cifra interesante.
Algunas perlas:
“Dicen que lo nuestro es competencia desleal. Yo les contesto: ¿La competencia desde cuando es leal? No hay leyes que regulen este sector”, afirma Alfonso Santiago, de Last Tour International.
No hay cachés fijos, se funciona con pujas. Las principales agencias de contratación con base en Londres reciben las ofertas y deciden dónde van a ir los músicos. No hay cláusulas de indemnización, en cualquier momento pueden suspender e irse con el vecino.
El grupo más caro que viene a España este verano es The Police, casi dos millones de euros por concierto.
“Hay artistas que están cobrando dos o tres veces lo que en Francia o Alemania, que pagaban el doble. Hemos superado hasta a Japón. Hacemos el gilipollas, los agentes flipan”, dice José Morán
Neil Young, por actuar en el Rock in Rio se embolsará cerca de un millón de euros.
“Si la demanda aumenta, también los cachés. Donde los certámenes han crecido, como Irlanda, Australia o Estados Unidos, se han disparado. Donde menos estamos pagando es en España, y son precios asumibles. Se nos acusa de reventar el mercado. Y aunque el primer año es posible que tengas que pagar más porque no te conocen, los siguientes las bandas van a tu festival porque te prefieren. Pero es más fácil decir que es porque les han pagado más”, dice Cadahia.
“La Administración no puede llegar a un sector tan frágil todavía y romper el mercado con cachés altísimos. No se permitiría en cualquier otro sector. Llegar y comprar coches a un precio escandaloso o saturar el mercado con coches a un precio bajísimo. Esto está regulado y los festivales no: nos ha sorprendido a todos, a nosotros, a la SGAE, al Gobierno, a las instituciones. Que se involucre en estos proyectos de tal manera que sirva para apoyar pero no desequilibre, que es lo que ocurre. Los ayuntamientos ven los festivales como una baza electoral para llegar a los votantes más jóvenes y entran en el sector de una manera nada profesional ni respetuosa”, dice . José Morán.
“Es un planeta raro éste. Parece que si algo triunfa vamos todos a por lo mismo y vamos tantos a la misma charca que la secamos”
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