Comparto aquí algo que no pensé que me sucediera.
Panic at the disco era un grupo del que prácticamente no sabía nada y lo que sabía hacía que no fuese precisamente de mucho interés por mi parte. Me sonaba a uno de esos grupos del indie americano más oscuro que se pierden en sonidos estrambóticos y movidas experimentales muy difíciles de digerir, todo ello además aderezado con una buena dosis de intelectualidad de la que no me gusta. Solían (y suelen) aparecer en las publicaciones bajo la etiqueta de EMO, una etiqueta bastante prostituida respecto al movimiento que la originó allá por el principio de los 90 con grupos como Fugazi. Una etiqueta que musicalmente reconozco que nunca he llegado a entender y por ello nunca he sentido demasiado interés por su música (aunque todo lo de alrededor si que me llama la atención). Si a todo esto le sumamos que los tal Panic at the disco tocan dentro de un mes en mi ciudad, Madrid, en un festival de vocación teenager, llamado nada menos que under 18, las posibilidades de que me zambullese sin prejuicios en la propuesta musical de alguien con esas credenciales eran francamente inexistentes.
Pero ocurrió el milagro. Estaba en la FNAC por razones que no vienen al caso cuando decidí pasarme por la sección de discos. Pasando mis ojos por las novedades sin demasiada atención me llamó la atención una portada extraña, densa y retro, tres cosas que normalmente me llaman la atención pero especialmente si se dan a la vez. Al ver el nombre de los autores, Panic at the disco con su último trabajo "pretty Odd", estuve a punto de salir corriendo sin darle mayor importancia pero gracias a esa ventaja que tiene la FNAC de poder escuchar los discos que vas a comprar sin tener que decírselo a nadie, y por lo tanto sin que nadie te juzgue por lo que osas escuchar, decidí saciar mi curiosidad por lo que había dentro. No tengo mucha paciencia para escuchar música en un sitio como la FNAC pero los tres principios de canción que allí escuché ya me dijeron algo. Lo suficiente al menos como para comprarme un disco que además no estaba barato precisamente.
El disco, desde mi modesto y particular punto de vista, es una maravilla. Ya sólo la presentación y el libreto merecen la pena ser destacados en esta época donde el MP3 se está cargando, entre otras cosas, el gusto por el diseño de los discos. Pero es que el interior es infinitamente mejor. Se trata de un trabajo redondo y compacto dividido en 15 cortes donde ni sobra ni falta nada. Estilísticamente se mueve con mucha gracia entre el pop orquestado, el indie menos vulgar y el histrionismo mainstream pero llega hasta extremos como el Jazz americano de principios de siglo o el country más folkie y sencillo, en mitad siempre de la cascada de sonidos que supone el resto de canciones.
Miles de instrumentos, miles de voces, producción moderna e ingeniosa y sobre todo, por encima de todas las cosas, canciones fabulosas plagadas de melodías alegres o melancólicas pero sobre todo bonitas, que desgraciadamente parecen hoy por hoy difíciles de encontrar en muchos grupos de corte más tradicional. La selección de canciones está perfectamente elegida y hace que un disco largo, denso e intenso nunca aburra. Pasa por diferentes estados de ánimo y diferentes escenarios, olores o sensaciones pero misteriosamente nunca te das cuenta de ello. Todo aderezado de unas letras retorcidas y alegóricas unas veces, sencillas otras. Puede que no resulte muy cool (o si, no lo sé) pero me parece un disco excelente y tenía que decirlo.
Sorpresas te da la vida.
