Sergio Algora ha fallecido

por: luismr · 09/Jul/08 13:18 · 6 comentarios - escribe el tuyo
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La escena independiente española llora a estas horas la triste noticia que informa de la muerte de Sergio Algora (Zaragoza, 1969 - 9 de julio de 2008), poeta, dramaturgo, articulista, narrador y músico de personalidad singular.

Algora, de 39 años de edad, ha fallecido esta madrugada en su domicilio zaragozano, al parecer a causa de un fallo respiratorio, según informa El Heraldo de Aragón.

Cerebro fulgente, pluma surrealista e inconfundible voz de El Niño Gusano, instigador de Muy Poca Gente e ilustre contribuyente a la maquinaria creativa de La Costa Brava. La música pop española de las últimas dos décadas habría sido distinta sin su contribución.

“Dejé mi país para ser etíope por un año. Dejé de dictar para subordinarme”, escribía hace tan sólo cinco días en su blog personal.

Muchos le echaremos de menos. Que por lo menos descanse en paz.

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coserycantar comentó:

Gran pérdida para la música independiente española. El surrealismo musical y la ensoñación de sus letras quedan ahí, por supuesto. Ahora es un fantasma con los ojos azules y, por eso, le seguiremos escuchando.

LolaLola comentó:

Uno de los pocos músicos españoles surgidos de la explosión indie de los noventa que realmente tenía cosas que decir. Cuestión de personalidad. Una gran pérdida.

LolaLola comentó:

La música pop

Roban el coche a la salida de Zaragoza, en una gasolinera de la carretera de Castellón, el más alto pone la mano sobre el capó y el coche se enciende y se abre la puerta del conductor. El más alto se sienta al volante, sopla en la llave de contacto y el motor se pone en marcha, la matrícula se cambia sola. Suena en el cd "the first of the gang to die."

¿Desde cuando haces esto?, pregunta el que no es el más alto.

Desde pequeño. Hace una pausa mientras saca el coche de la gasolinera y continua hablando. Como mi hermano mayor Jesús. Mi hermano mucho caminar descalzo sobre las aguas y mucho cuarentena en el desierto pero siempre que podía se levantaba una bultaco o una puch o un supermirafiori. Yo también caminé descalzo sobre las aguas heladas y no robé coches ni motos por entonces porque era muy pequeño.

Pero siempre me gustó más hacer milagros que robar. Las plantas de los pies me ardían cada vez que cruzaba el Ebro. Caminaba sobre el cráneo de las llamas del hielo ante mis discípulos: los doce tañidos que las campanas del Pilar daban a medianoche. Desde pequeño bebía cerveza en los bares hasta que no quedaba ninguno abierto porque no tenía casa.

Me prestaron un saco de dormir porque no quería compartir piso y para vivir sólo no me daba con mi sueldo de aspirante a Mesías.

Lo de ser dios me viene de familia, por parte de padre. Lo llevo en la sangre y eso se nota con echarme un vistazo.

Escuchaba los cuarenta principales del invierno en todos los altavoces que Dios había puesto en los bares. Dios pincha la misma música en todo el mundo, es un cansado. Y al anochecer, para ser buen hijo, bajaba al río para caminar sobre las aguas, y practicar. También multiplicaba peces que muy de mañana llevaba, alegre según el tamaño de los peces, a un pequeño puesto del Mercado Central.

Solía despertar en la piscina del Club Náutico.

Cuando despertaba siempre me habían robado los zapatos y como Jesús, mi hermano, yo también volvía descalzo a los bares para beber cerveza y bailar con las chicas que, esos días, parecían seguir vivas y coleando. Escuchábamos mucho la bso de Grease, a Roxy Music, a T. Rex, a Boney M., a Peter Frampton, a Camilo, a Tina Charles. Mi padre nunca tuvo criterio con la música.

Y así todo el día de juerga, toda la noche sin descansar como en la canción de Los Golfos. Muchos me odiaban por ser el mesías. No se dan cuenta lo difícil que es ser el hermano pequeño del hijo, el famoso, el melenas, de dios.

Hice auténticos milagros. Sólo deseché resucitar a los muertos porque no me gusta despertar a la gente cuando ha cogido el sueño, el de tirón, el de la pierna suelta para siempre.

Dos años después del año de la Rata, lo del año de la rata te lo explico otro día, comencé a vestir de traje, a dejar propinas, a mentir sin pensar, a saber lo que es no estar nunca solo.

Pasaba tanto tiempo realizando milagros en los bares que decidí montar uno para que no me costara dinero ayudar a la gente. Pero no por ello remitió el invierno. Mi hermano, el que escribió smell like teen spirit y luego se suicidó, seguía siendo el preferido de mi padre porque pasaba todo lo que podía en el cielo, que por cierto no existe ya. Te cuento la historia: hace tiempo que enfurecido por el trato de preferencia que mi padre, vamos, Dios, daba a mi hermano, fui a casa y le prendí fuego con ellos dentro. Murieron y la gente siguió su vida como si nada. Les siguen hablando y actúan delante de ellos como Norman Bates delante de su madre en Psicosis.

Con mi traje blanco recién planchado cada noche volvía a caminar, un poco bailoteando canciones de moda, sobre la suciedad sometida del río. Aprobé la última asignatura para examen de Mesías que era la de ser dos años Marcelo Mastroniani y pronto me di cuenta que no servía para eso. Nunca ejercería mi profesión, había tirado mi juventud en unos estudios que ahora no me satisfacían.

Ahora estoy estudiando para doble de películas de acción y trabajo en un proyecto para jugar al fútbol sobre las aguas. Una vez que aprendes a apoyar el primer pie sin hundirlo, lo demás viene solo. Lo más difícil es encalar el agua. Pero para eso está mi 8,5 en milagros. Silencio. La carretera saca su lengua llena de píldoras blancas alineadas. El aprendiz de mesías parece concentrado en conducir. Ha dejado de parlotear como un hombre en la tele.

Por fin se ha callado, piensa el copiloto.

El coche parece un horno. La brisa del viento de levante entra con fuerza avasalladora por las ventanillas abiertas, como si fuera el último aliento de todas las cerillas del mundo al apagarse.

El chico que acompaña al mesías en el coche está convencido de que todo lo que le ha contado es cierto. Pero aún así, qué pesado, piensa.

Las canciones que suenan en el aparato de música parecen llegar ya agotadas y los cantantes de los grupos ser afónicos náufragos. El aspirante a mesías se inclina para cambiar de música y cuando se incorpora sobre el volante y mira por el espejo retrovisor, se da cuenta de que los que van en la furgoneta de atrás son los MGMT. Llevan en la vaca tablas de surf de gelatina dura y una pequeña escultura de la Venus de Botticeli aunque también podría ser la niña del televisor de Poltergeist.

MGMT son el sabor alternativo de la temporada. Aunque siguen juntos gracias a que una multi los reunió cuando ya habían tirado la toalla. Son mucho más que un grupo prefabricado, escribe de ellos Bárbara Celis para el EP3.

Mesías, ¿crees que quedarán abonos para todo el festival?

Llámame Mesi, le dice a su discípulo y copiloto. Conducen despreocupados por una carretera costera salpicada de coches a los que el sol les da la apariencia de cuentas en un collar de brillantes falsos, y muy cansados de contar a todas las turistas que tiempo atrás brillaron como nunca nadie antes lo había hecho.

Las continuas curvas recuerdan el rápido ir y venir de la pelota en un interminable partido de tenis sobre tierra batida. El coche atraviesa el pesado aire de verano en un rito de fecundidad chapado y lacado. Las playas, invisibles todavía, giran alrededor del vehículo como un antiguo disco de vinilo azul de Tones on Tail de doce pulgadas, muy buscado ahora por los coleccionistas de maxis de los ochenta.

Mesi, ¿crees que por ser casi Dios nos darán un pase de prensa o que nos acreditarán en el festival?, le dice el discípulo que se ha quitado la camiseta de Acuarela.

Mesi no responde, sigue mirando por el retrovisor a los MGMT. El que va al lado del conductor ha sacado un arco y dispara a los conejos casi microscópicos que hay por los desiertos de arena roja que sirven de felpudo a las playas. Cuando un venablo impacta en un conejo, este estalla en mil gotas que acaban convirtiéndose en delfines.

No vamos a llegar a Benicasim como se siga esto llenando de delfines, dice Mesi.

Oye ¿no es muy aburrido ser público en un festival, en verano, cerca de la playa, con las chicas medio en pelotas mirando para todos los lados menos hacia el nuestro, pasando calor, durmiendo mal?, dice el avispado discípulo de Mesi.

¿Cómo has dicho que te llamabas?, dice altanero el tal Mesi.

Pedro Garfunkel, Mesi.

Mira Pedro, iremos a Benicasim, veremos lo que se cuece y montaremos un grupo. Pero no cualquier grupo. Seremos la hostia. No todos los días un casi dios monta un grupo.

Hostia qué guapo. Pero un grupo que mole, ¿no? Rollo Kings of Lion, Strokes...

¿Pero que dices pringao? Seremos los putos Beatles. ¿Crees que me saqué viajar en el tiempo con un diez para ser Kings of Lion?

Bueno, pero a Yoko te la follas tú.

Sabía que eras Ringo reencarnado desde el principio.

Atropellan sin querer a un conejo que acaba de esquivar un venablo de los MGMT y al explotarle las tripas la carretera se llena de delfines malvas sobre los que el coche robado y la furgoneta de MGMT, se deslizan como patinadores artísticos.

Escrito por Sergio Algora a las 16:47 del 26-05-08

petitcomite comentó:

Ahora feliz, feliz... En fin.

Adolfo comentó:

Una noticia triste, parece que acarreaba algunos probelmas de salud, pero supongo que nadie esperaba ésto. Yo no le conocía personalmente pero me da mucha pena, aunque solo sea de gustarme bastante La Costa Brava, en fin.. Descanse en paz.

luismr comentó:

Bonito y emocionante texto publicado por Stephen Strange en los foros de iPunkRock al hilo de la muerte de su amigo Algora. Copio.

Y llevaba el pelo peinado a lo Robert Smith. Una cosa bastante normal en aquel entonces. Pero escuchaba a los Love (reivindicaba la cara A del Da Capo… cuando todo el mundo se quedaba con el primero y con el Forever Changes. Yo, como los demás), a los Tomorrow, a los Kaleidoscope británicos y el To See The Sun de los Turtles. Tenía siempre novias muy guapas. Un puntico lánguidas. Casi afrancesadas. Y se reía mucho. De todo.

Daba gusto hablar con él. Beber con él. Sentarse en los bares cercanos a la universidá (sólo los de viejos… sólo los de verdá… esos a los que no iban los estudiantes. The Mogambo. Hermanos Cortés. Cosas así) y decir sosadas y hacer risas y escribir guiones con el dedo mojado en cerveza sobre las mesas de plástico para películas raras que empezaban con imágenes de tomavistas mientras sonaba The Leader Of The Pack de las Shangri-Lahs o 24 Hours From Tulsa de Gene Pitney o Reste Encore Un Instant (la versión en francés de Stay Awhile) de Dusty Springsfield.

Tocaba en una banda pequeñica que se llamaba Tras El Francés. De su maqueta (grabada a pelo, en una cinta de casette) sólo recuerdo una versión en plan psychobilly de la sintonía en castellano de El Correcaminos (Si vas por la carretera y oyes un bip, bip…). Un chiste.

A finales de los ochentas y principios de los noventas se cortó el pelo, se dejó crecer las patillas y empezó a vestir jerséis de cuello alto, de lana recia, con rayas horizontales. El resto del mundo se dejaba perilla, se compraba camisas de leñador y gorros de lana. O se rendía a cosas peores. Los Surfin’ Bichos, graciasadiós, cantaban aquello de El Rey Del Pegamento (y se dedicaban, cada mañana, a lanzar perros desde la azotea) A veces ponía discos en un bar que se llamaba Malevaje. Estaba cerca de la Puerta Del Carmen, ahora no recuerdo el nombre de la calle… Fue una especie de embrión, de ensayo de probeta, de El Fantasma De Los Ojos Azules.

Montó una tienda de discos con maese Pierre Le Viscainne, llamada Plasticland. Ocupaba dos metros cuadrados en un pasaje de la calle Corona De Aragón. Tenían maravillas. Y moderneces también… Él fue el que me presentó el Radio City de los Big Star (September Gurls) diciendo que sonaban como una mezcla entre los Byrds y los Kinks. Y, a fe mía, que la canción suena exactamente así… Y tenía razón al decir que Box Of Rain, de los Grateful Dead, era preciosa. Sin estribillo, sin nada… sólo las guitarras haciendo clinclanclon todo el rato…

En 1994 me pasó una maqueta de una banda que había montado y que se llamaba El Niño Gusano. La maqueta no me gustó demasiado… Eran los tiempos del indie y todas esas zarandajas.

Tenía entonces una novia muy guapa, rubieta y delgada, con los ojos más tristes del mundo. Como él, ella también llevaba camisetas a rayas horizontales. Y parecía quererlo mucho (estoy seguro).

Cuando sacaron el primer disco (Circo Luso) las mismas canciones que no me habían parecido nada del otro mundo en la maqueta sonaban a gloria bendita. Porque, después de todo, él se había hecho con el timón. Y donde antes había querencias pixies y tardo-ruidismo (el noise pop y todo eso) aparecían cosas diferentes. La oruga que fumaba en narguilé encima de una seta mientras Alicia se sentía rara, Sombrereros locos, Monociclos, Observatorios astronómicos de 1880, Jugadores de cricket dispuestos a perder la cabeza, Cuellos duros y sombreros de copa, Cocheros peludos envueltos en capas oscuras, Kioscos de la música donde la banda militar interpreta canciones extrañas, Caleidoscopios, siempre caleidoscopios…

Y fue así siempre. Mientras la banda duró. El más acabado ejemplo de psicodelia NO REVIVALISTA que ha conocido este país. Hay menos distancia entre cualquier disco de El Niño Gusano y ese 1967 eterno en el que todos imaginamos a Syd Barret en trance mientras la pintura que tiñe su pelo se derrite sobre su rostro (y los juegos de luces puntean cosas de colores en la pantalla del escenario) que entre cualquier reconstrucción consciente y arqueológica y los originales de hace cuarenta años…

Los vi tocar en garitos pequeños de Zaragoza. Los vi tocar en Salamanca, cuando vivía allí y leí en el periódico local que actuaban en la Potemkin. Era 1999. Bebimos unas cervezas (pocas) y echamos unas risas (poquicas también). Creo que fue la última vez que pasé un rato mediolargo con él.

Luego lo veía en la Fnac (cuando trabajaba allí). A veces le pedía cosas (que trajesen las reediciones australianas de los Church y cosas así) y él me pedía otras (que le dejase los primeros discos de los Nitty Gritty Dirt Band, puro surrealismo). O por la calle, y me decía que teníamos que tomar un café y me preguntaba por mi hermano.

Cuando estuvo malo y volvió a salir le pregunté qué coño le había pasado. Y, con un pudor muy curioso, dijo que nada… que era una enfermedad rara y que todo había servido para algo.

Abrió un bar y lo llamó Bar Bacharach. Se hizo poeta. De verdad.

Luego montó Muy Poca Gente. Y después La Costa Brava.

Sacaron varios discos. Llamadas Perdidas es perfecto. Simplemente. Perfecto.

La última vez que lo vi fue hace dos semanas. En el Coso. Hacía fresco y volvía a llevar un jersei a rayas horizontales (no era de lana recia… pero tanto da). Siempre se había parecido a Anthony Hopkins. Pero últimamente más que nunca. Un Anthony Hopkins interpretando el papel de un punkie victoriano. Un Anthony Hopkins treintañero interpretando libremente a Oscar Wilde.

¿Qué tal estás? Bien, bien, bien… ¿Qué tal tu hermano? ¿Qué tal todos? Aquí andamos, aquí andamos, sobreviviendo, sobreviviendo, sobreviviendo, sobreviviendo, sobreviviendo, sobreviviendo, sobreviviendo, sobreviviendo, sobreviviendo, sobreviviendo.

Hay una canción del segundo disco de El Niño Gusano (El Efecto Lupa) que se titula Madame Dos Rombos.

Es perfecta. Es perfecta. Es perfecta”.

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