Santi Campos, líder durante ocho años de Malconsejo, acaba de poner en circulación su nuevo álbum, “Amigos Imaginarios”, un disco intenso, afilado y cautivador. Este miércoles, día 30, lo presenta en Moby Dick y en las próximas semanas hará lo propio por todo el país.
Una primera impresión de «Amigos imaginarios» es que cada tema tiene un enfoque especial
Busco dos cosas. Primero que cada canción tenga su personalidad. El hecho de no estar en un grupo te permite utilizar cualquier instrumento. En un grupo cerrado, si el bajista no toca el contrabajo, no puedes llamar a un contrabajista, porque quedas mal (ríe). Eso primero. Pero tampoco aceptaría nunca que el disco no tuviera coherencia. La coherencia nace del orden de las canciones, cómo va progresando el disco, y un ambiente general, unos colores. Yo lo identifico mucho con el color. Por ejemplo, colores marrones, rojos oscuros… y en la música también están estos colores, aunque las canciones sean muy distintas entre sí, incluso las letras.–
¿Y cuál es el denominador común, el guión?
En cuanto a letras suelen ser historias muy personales, y muchas veces muy difíciles de entender si no sabes de lo que estoy hablando. Entiendes frases, te puede gustar más o menos alguna metáfora, aunque no sepas muy bien de qué va, pero el guión son, básicamente, las relaciones personales. En cuanto a música, intento crear un ambiente pausado, pero a la vez un poco dañino, que no sea demasiado fácil de escuchar si el oyente no presta la suficiente atención. Muchas veces son canciones casi folk. Lo serían si estuvieran tocadas con una guitarra acústica y una voz, pero están vestidas de una manera que, en cierto modo a propósito, dificulta la escucha.

Está bien que todavía se publiquen discos intencionadamente difíciles, que no estemos abocados a la simplicidad para vender a toda costa.
Es la ventaja de trabajar en un sello pequeño. Aparte de que no piden explicaciones a nivelcreativo, les gusta lo que tú haces, y, dentro de lo que tú haces, tienes un abanico superamplio. Yo no escucho discos españoles de multinacionales. Hay álbumess extranjeros que sí tienen esa capacidad de riesgo, pero creo que, si haces pop, ya está todo inventado. ¿Dónde puedes desarrollar tu ingenio? Vistiendo las canciones de una forma poco usual, o haciendo unas letras que en castellano no sean lo de siempre. Hay una canción del disco que habla de una barra de un bar, y para mí es un tema tabú. Lo son todas estas historias que utilizan mucho los cantautores españoles, como barras de bar, la ciudad… En este caso es que se trata de una adaptación de un poema de Gil de Biedma. Quería ser lo más fiel posible al poema, y rompí una de las reglas de mi libro de estilo
¿La palabra pop está hoy devaluada?
Sí, se ha devaluado. Ayer me preguntaba un chico que no me conocía de nada que qué hacía, y yo le dije que pop. Y me contesta, «pero eso es Take That y ese tipo de grupos». El pop se identifica con música de consumo. Y pop es donde haya una melodía y un estribillo, aunque sea más oscuro, más acústico, tecno o como quieras.
En tu caso más americana…
Más americana, y más rock, aunque sea el rock lento. Me gusta mucho más la música americana que la británica
¿Tiendes a ser como un cantautor americano?
Eso es lo que me gustaría que se notara. Es lo que escucho. Canto en castellano porque es mi idioma. En ese terreno en el que todo el mundo intenta innovar un poquito dentro de sus posibilidades, lo mío es hacer en castellano lo más fielmente posible la música que me gusta. Si la haces en inglés parece más una copia. Si la traes a tu terreno, tiene una dosis de originalidad que no tendría nunca. Esto en inglés sería como muchos.
¿Qué tal el trabajo con el productor, Pablo Sbaraglia?
Es un tío superversátil. Sabe muchísimo de técnica y tiene muchísimo gusto. El problema inicial era que él no sabía lo que yo quería hacer, pero hablamos mucho, y le dije más o menos lo que te he dicho, que tenía que vestir canciones folk, casi tradiconales, de una manera lo más original posible. Y basado en guitarras, porque hay muchos ruidos, pero casi todos de guitarra. Todo eso lo llevó a la práctica de una forma sorprendente. Hubo una química total.
¿Quizás la principal diferencia con «Pequeños incendios» sea la producción?
La producción y el tiempo. En el primer disco fuimos una banda fija, dos días de ensayo, seis días de grabación y seis días de mezcla. Este disco, sin contar la composición, desde que empezamos a grabar hasta que terminamos, aunque no fuera continuo, fueron catorce meses. Ya esa diferencia es abismal. Y luego que la producción está tomada, sin dejar de lado la emoción, de una manera mucho más cerebral. Eso de darle a cada canción su toque. Hay temas que tenía escritos desde hace muchos años, y como en este disco sabía que le iba a poner más cuidado, es donde los he metido. Los tenía guardados para algo especial.
Creo que es mejor éste.
A mí también me gusta mucho más. En aquel disco acababa de salir de una banda en la que nos lo pasábamos muy bien, pero lo pensábamos demasiado todo, y yo quería hacer un disco inmediato, un disco de rock, a ver lo que sale, todos juntos y a tocar. Y en éste ya había superado la fase ésa y quería hacer el mejor disco que pudiera en ese momento, y creo que he hecho el mejor en este momento.
¿Qué te llevaste de Malconsejo?
Amigos. Musicalmente hemos crecido juntos. Estuvimos siete años juntos, casi ocho, y después, una vez viviendo ya en Madrid, grabamos un par de canciones más. En realidad no hay una separación. Es que ahora voy por mi cuenta, pero somos muy amigos, y de hecho lo mejor que me llevé fueron tres de mis pocos mejores amigos. Me llevé mucho.


