Trilogía californiana Vol. I: ¡Viva El Chicano Inolvidable!

por: luismr · 23/Jul/08 21:27 · 1 comentario
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Me acerco a devorar con ávido interés la entrevista con **Ry Cooder** que se publicaba en estas páginas la semana pasada y me quedo un poco **Carpanta**, como sin haber comido. Y por eso me entran unas ganas tremendas de volver a escuchar los discos de la trilogía californiana de **Cooder**.

***”Chávez Ravine”*** me pareció en su día un “recuperar el paso” en la carrera de un músico enorme cuyo nombre empezaba a quedar asociado indefectiblemente a otras tareas distintas de la de componer grandes canciones.

Durante la década de los noventa, fue su papel como productor, catalizador, promotor o músico de apoyo en proyectos que casi podríamos catalogar de *etnografía musical* lo que mantuvo a este nativo de **Santa Mónica** (**Los Angeles**) en el candelero. A él hay que atribuirle parte de la culpa de que ciertas formas musicales no anglosajonas hasta entonces ninguneadas por la industria y el gran público occidental lograran casi de la noche a la mañana un importante éxito a nivel internacional.

Sus colaboraciones con el músico indio **V.M. Banhatt** (uno de los más celebrados discípulos de **Ravi Shankar**) renovaron el interés de muchos por la música **Hindustani** (la música tradicional del **Norte de la India**, la que se suele considerar como “música clásica” del país), de igual manera que ***”Talking Timbuktu”*** (World Circuit, 93), su trabajo junto al guitarrista malinés **Ali Farka Toure**, contribuyó en buena medida a poner el blues africano en boca de *gourmets* occidentales en busca de nuevos sonidos distintos a los derivados (músicas afrocaribeñas, latinoaméricanas, blues norteamericano…) de la diáspora negra.

Aquellos fueron buenos logros a anotar en el perfil de un músico inquieto y versátil interesado tanto en explorar sus raíces culturales como en lanzarse a descubrir las tradiciones musicales de otros muchos lugares del mundo, pero sobre todo fue su relación con la música tradicional cubana la que en la segunda mitad de la pasada década le acabó de granjear una fama que en sus más altas cotas bien podría rivalizar con la cima de notoriedad conseguida como autor de la banda sonora de ***”Paris, Texas”***. La relación de **Cooder** con la música cubana se inició en la recta final de los 90 a partir de su profunda implicación en el histórico primer volumen de ***”Buena Vista Social Club”*** (World Circuit/Nonesuch, 97), para seguir años más tarde produciendo discos de aquellas saga como ***”Buena Vista Social Club Presents Ibrahim Ferrer”*** World Circuit/Nonesuch, 99) y ***”Buenos Hermanos”*** (Nonesuch, 03) del desaparecido **Ibrahim Ferrer**. Y fruto y consecuencia natural de estas colaboraciones con músicos cubanos fue el brillante ***”Mambo Sinuendo”*** (Nonesuch, 03), trabajo a medias entre **Ry Cooder** y **Manuel Galbán**, miembro de **Los Zafiros**, un eminente combo vocal que triunfó en la **Cuba** de los años 50 y 60.

En cierta manera, ***”Chávez Ravine”*** suponía la vuelta de **Ry Cooder** a sus raíces americanas después de sus excursiones musicales por otras regiones del globo.

Recuerdo que cuando leí por primera vez sobre la inspiración que latía detrás del primer álbum de lo que ahora se presenta como consumada trilogía me vino a la memoria la historia de un disco lejano en estética pero cercano en planteamientos a este ***”Chávez Ravine”*** que **Cooder** publicaba en el verano del 2005.

En el polo opuesto en cuanto a sonido, ambos discos comparten el hecho de querer ser documentos de la feroz acción urbanística acaecida en dos distintas -pero igualmente desfavorecidas- áreas de la ciudad de **Los Angeles** con varias décadas de diferencia.

El disco en cuestión -los dos discos, ya que existe una posterior colección de remezclas editadas en el muy militante sello **Beta Bodega** bajo el título de ***”Desarrollos Sostenibles (Sustainable Development)”***- es el trabajo ***”Structural Adjustments”*** que en el año 2000 publicó el colectivo **Ultra Red** en el hace poco renacido sello experimental **Mille Plateaux**.

Ambos discos surgen como resultado del trabajo de colaboración entre el colectivo de documentalistas sonoros **Ultra Red** y el grupo **Unión de Vecinos**, asociación de activistas que durante años han venido luchado en contra de la demolición de vivienda pública protegida en **Los Angeles** en un intento de asegurar el acceso de los más desfavorecidos a una vivienda segura y con rentas baratas.

**Ultra Red** estuvieron presentes en los enfrentamientos de estas uniones vecinales con las autoridades, la policía y las máquinas de demolición, documentando a base de grabaciones de campo lo que allí se estaba viviendo. A partir de esas grabaciones, este equipo de audio-artistas angelinos construyó una colección de evocadoras postales sonoras tejidas sobre la red de leves programaciones electrónicas que buscaban arrojar a los oyentes a la reflexión sobre el escándalo que suponía que las autoridades encargadas de la vivienda, supuestamente tratando de favorecer el acceso de la gente con menos medios a unos hogares dignos, gastaran millones de dólares en demoler casas existentes para luego volver a gastar cantidades ingentes de dinero en construir muchas menos viviendas que las recién derribadas.

***”Chávez Ravine”*** vino a hablar de lo mismo, pero 50 años antes. Y el método de documentar y rendir tributo a la vida de los que habitaban aquel barrio desaparecido es obligadamente distinto. **Cooder** se valió de documentación gráfica de la época -fotografías, mapas, planos de proyectos urbanísticos y arquitectónicos, periódicos- y de los testimonios de los que allí pasaron parte de su vida para recrear escenas cotidianas de aquel reducto de orgullo chicano.

Para escenificar su tributo a los habitantes de este suburbio latino -poblado en su mayoría por emigrantes mexicanos- de **Los Angeles** que acabó convertido por orden de los poderes públicos municipales en un montón de escombros para al final ver sus antiguos moradores como sobre esos terrenos se construía el estadio del equipo de baseball de los **Dodgers**, **Ry Cooder** recurrió con soltura a esa imaginería post-**Segunda Guerra Mundial** que los **Estados unidos** acabarían exportando sin remedio al mundo, aún a costa en muchos casos de pasar por encima de los derechos básicos de sus propios habitantes (los mismos que en figura de cinta de **Moebio** daban forma a esa misma iconografía americana que vendían al mundo): en el fondo de estas canciones hay referencias al baseball, a los grandes coches americanos, a las bandas callejeras chicanas, a los gimnasios y al boxeo, a la radio, a los clubs de baile, a los ovnis o a **John Edgar Hoover**. Todo puro *american way of life* de los desarrollistas años cincuenta.

***”Chávez Ravine”*** es la historia musicada de un enclave particular en un momento particular, una historia expresada a través del magisterio de **Cooder** en lo relativo a muchas de las músicas tradicionales de la mitad norte del continente americano. La música es una mezcla vibrante de tex-mex, rhythm and blues, guitarras twang y ritmos de pachuco boggie, corridos mejicanos, rumbas y jazz. Como ya sucediera en sus últimos trabajos se nota una preocupación –incluso una cierta nostalgia- por lograr un sonido cálido y profundo, más propio de grabaciones antiguas que de los excesos de pureza digital de muchos de los productos recientes.

El disco más brilla cuanto más chicano y fronterizo suena. Hay auténticas perlas como *”Poor Man’s Shangri-la”* y esos dejes jazzies; las guitarras entre el surf y el bolero seguidas de la atmósfera intoxicada a lo nu-blaxpoitation de **Don Byron** de *”Don’t Call Me Red”*; el *”Corrido de Boxeo”* con el acordeón de **Flaco Jiménez** sonando a cantina, a tequila, a sol y arena; el rhythm’n’roll chulo y macarra de *”Muy Fifí”*; la versión de *”Los Chucos Suaves”*, originalmente grabada por **Lalo Guerrero** en 1949, entre el danzón, el swing y la rumba, con esos pianos haciendo gala de un punto salsero; el ritmo -casi rock steady- y el divertido acento con el que las voces femeninas cantan en *”Chinito Chinito”*; el R&B sureño que por momentos parece latin soul de *”3 Cool Cats”*; los aires de madrugada de *”El U.F.O. Cayó”*, que me hacen salivar pensando en una futura colaboración entre **Ry Cooder** y **Lhasa De Sela**; el minimalismo a lo **Tom Waits** de *”It’s Just work For Me”*… Motivos más que suficientes para recomendar este disco.

Para grabar estas 15 canciones cargadas de humanidad y chispa, **Ry Cooder** se rodeó de músicos de peso como **David Hidalgo** (**Los Lobos**), **Jon Hassell**, **Chucho Valdés**, **Jackie Terrasson**…. Pero además, y de ahí viene seguro buena parte de su irresistible picor latino, **Cooder** contó con la colaboración de viejas leyendas de la música chicana: **Lalo Guerrero**, el gran **Don Tosti**, **Little Willie G** o las hermanas **Ersi** y **Rosella Arvizu** aportaron su granito de sal a una receta muy bien cocinada por **Cooder**.

Si no te suenan estos nombres quizás te apetezca buscar las viejas grabaciones de **Thee Midniters**, **The Sisters**, **El Chicano**, **Don Tosti y su Conjunto**, **Lalo Guerrero Y Sus Cinco Lobos**… O al menos, hazte con el recomendable recopilatorio ***”Pachuco Boogie”*** (Arhoolie, 02). Acabarás gritando conmigo. ¡Viva El Chicano Inolvidable!

1 comentario

Segundo Premio comentó:

Las voces realmente no se oyeron NADA. Yo sólo digo que me fui del concierto sin saber cómo suenan en directo las voces de Bilinda y Kevin... aun así el concierto fue genial, y aunque puse que de la noche (porque estaba hablando de esa noche), para mí también fue el mejor concierto que he visto en lo que va de año. Lo de la vida ya habría que valorarlo un poco más... jaja
es una pena que no asistieras, pero como ya han vuelto a los escenarios ya tendrás más ocasiones, seguro :]

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