Que las aguas en el mar del negocio musical están revueltas no es ningún secreto, y aún así, en los últimos días varias noticias han llamado mi atención por parecerme significativas de lo que yo interpreto como una creciente ruptura en las reglas de juego que delimitan las relaciones entre empresas discográficas y artistas. Parece que se hubiera olvidado el fair play, si es que alguna vez lo hubo.
Por un lado Morrissey insta a sus fans a no comprar el DVD que Warner está a punto de poner en circulación sin su consentimiento. Sin lindezas, de manera clara y directa: “Tratándose de Warner, seguramente la portada será horrible. Es el trabajo de gente deseando llenarse los bolsillos y pido a la gente que por favor no se lo compre. Yo no estoy en Warner y no recibiré ningún dinero en concepto de royalties. Gastad vuestro dinero en otra cosa”.
Luego están los chicos de The Allman Brothers Band demandando al grupo Universal por valor de 10 millones de dólares en concepto de royalties atrasados derivados de las ventas en formato digital de su repertorio, alegando que los contratos por los que en su día se ligaron al sello Polygram (sello integrado en el Universal Music Group en 1998), que por supuesto no preveían la posibilidad de explotación del catálogo de la banda en ningún otro formato que no fuera el CD y el DVD, han quedado obsoletos a la vista del creciente negocio que su compañía obtiene gracias a la venta digital de su música (y de politonos con su música).
Rematando de ejemplificar el crispamiento y la creciente judificación en las relaciones entre grandes sellos y artistas, recientemente empezaba a circular la noticia que cuenta que la multinacional Virgin le exige por vía judicial a 30 Seconds To Mars (la banda capitaneada por el actor Jared Leto) la muy disparatada cifra de 30 millones de dólares por no haber entregado el master de su nuevo trabajo dentro del plazo convenido regulado por un contrato firmado en 1999 según el cual la banda quedaba obligada a entregar tres discos a la discográfica de la palmera. Virgin entiende que la banda ha repudiado el contrato al no entregar su tercer álbum, en el que se sabe que 30 Seconds To Mars han estado trabajando desde finales del pasado año.
Lo dicho, artistas y sellos, a partir un piñón.
