Pete Doherty me cae mal. Me molesta que un tipo que nunca ha sido capaz de demostrar un mínimo de talento (y no me digan que escuche a The Libertines, que su paroxismo vital y su impericia musical un punto vibrante tenía, pero de ahí a considerarlos tipos con verdadero talento…) y que no ha parado de comportarse como un auténtico idiota incapaz de poner en orden su vida a lo largo de los últimos dos años haya sido aupado por obra y gracia de una extraña coyuntura que nunca llegaré a entender a los primeros puestos de un supuesto ranking de personajes mediáticos de los que es imposible escapar. Ahora parece que hasta la policía británica se ha puesto de acuerdo para seguir dándole a Pete Doherty y sus Babyshambles el espacio en los medios que su música nunca ha sido capaz de reclamar.
Resulta que unos polizontes caducos del condado de Wiltshire lograron la semana pasada convencer a las autoridades judiciales de la zona de la conveniencia de prohibir la actuación que Babyshambles tenían que haber ofrecido como nombre grande del Moonfest, un modesto festival que debería haberse celebrado este pasado fin de semana en los alrededores de la localidad de Westbury. Según los policías, auténticos lumbreras, la presencia de Pete y los suyos hubiera disparado las probabilidades de que durante el festival se hubieran producido acciones de desorden público ya que, según los agentes, la música de ese grupo de zoquetes ingleses que encabeza el drogadicto Doherty tiene como finalidad “exaltar a la gente” y, de nuevo según los gendarmes, la organización del festival no había dispuesto las medidas de seguridad suficientes como para aplacar los altercados que podrían haberse producido por efecto de la actuación de un grupo que “acelera y desacelera deliberadamente su música con el fin de crear un ‘efecto remolino’ en la gente” que busca la sobreexcitación de su público.
¡Ahora va a resultar que poner al público a saltar o a gritar durante un concierto es delito!
El brillante superintendente de policía ha defendido su decisión alegando que el problema no era la actuación en sí, sino la naturaleza violenta de la dudosa parroquia que Babyshambles atraen a sus conciertos en UK. El festival, por su parte, ha aprovechado la prohibición judicial para, privados de su cabeza de cartel, suspender un festival que una semana antes de su celebración sólo había vendido anticipadamente poco más de 150 de las 5000 entradas puestas a la venta.
El siempre impulsivo Doherty se ha ofrecido a dar un concierto gratuito en algún otro momento futuro para resarcir a los fans que no pudieron verle en el Moonfest. El muy cándido ha dicho que está dispuesto a ofrecer ese concierto incluso en su propia casa. ¿Significa eso que es consciente del cada vez menos tirón que tienen tanto su música como su personaje público?
