En estos tiempos en los que la miniaturización de los medios de reproducción musical son la norma y la escucha -fuera de bares y clubes- tiende a considerarse cada vez más como una experiencia privada y solipsista, a algunos les da por volver a sacar la música a la calle y reivindicar el “gran formato”. “Made in Queens” es un documental dirigido por Randall Stevens que, en sus propias palabras, celebra la existencia de la primera stereobike crew de America. ¿Están seguros los directores que se trata de la primera?

“El pasado verano, en un pequeño garage alquilado en Richmond Hill, en las afueras de Queens, algo increíble estaba gestándose. Un grupo de ingeniosos chicos de Trinidad estaban trabajando hasta altas horas de la noche creando algo que nadie había visto antes: inmensos equipos musicales adosados de manera no muy ortodoxa a bicicletas bmx. Viajando juntos, cada uno tras el manillar de su enorme creación casera, invitan al vecindario a una escandalosa e improvisada fiesta en la que la música y el baile viajan sobre ruedas”.
Reivindicando la cultura de los sound systems jamaicanos -aquellos montados sobre carritos que había que empujar, más tarde en furgonetas- y el espíritu originario de las block parties que en los patios traseros de Broolkyn o el Bronx dieron lugar al nacimiento de la primigenia cultura hip-hop, una pandilla de jóvenes llegados al popular barrio neoyorquino de Queens desde Trinidad y Tobago llevan un tiempo dedicados a gastarse buena parte de la pasta que consiguen en tunear sus modestas bicicletas para convertirlas en aparatosos y costosos sound systems móviles. El algunas de las bicis que salen retratadas en el documental los chicos se han llegado a gastar hasta 4.000$ para montar equipos de sonido de hasta 5.000 vatios que son alimentados por baterías de coche. Alguna de ellas incluso cuenta con una pequeña pantalla adosada al manillar para poder ver DVDs mientras se rueda sobre la bici… ¿Andar en bici y ver películas al mismo tiempo? Suena peligroso.
Joe Stevens, uno de los dos directores de la cinta comenta: “En esta época de compulsivo video sharing y social networking, casi cada acción está diseñada y empaquetada para el consumo público. Especialmente en lo que se refiere a la gente joven. El encanto inmediato de Nick y su crew está precisamente en que son lo contrario a todo eso. No hay nada calculado en lo que hacen, no lo hacen para sentirse observados. Tan sólo son un grupo de amigos haciendo algo que les reta y que les hace pasar un buen rato. La suya es una historia que nunca hubiera surgido de chicos nacidos aquí”.
Aquí os dejo fotos de estos chicos y sus monstruosos -maravillosos ingenios para unos, máquinas diabólicas favorecedoras de comportamientos antisociales para otros- sound systems sobre dos ruedas.

Por mucho que nos lo quieran hacer creer los directores del film, esta no es una práctica nueva. Parece que lo de modificar las bicis para convertirlas en sound systems móviles es algo relativamente habitual en algunas zonas del Caribe, en Trinidad o en la Guayana Francesa, zonas de origen de los chicos que salen retratados en el film. También hay gente dedicada a lo mismo a este lado del océano. Sin ir más lejos en Londres, cada viernes noche y sábado al mediodía, decenas de personas se juntan a patinar por las inmediaciones de Hyde Park. Desde hace un par de veranos, los patinadores de las LFNS (London Friday Night Skate) disfrutan de la música que escupe la Firebrox, igual que sus amigos de las London Skate se desplazan al ritmo que marca la Bassfreight.
Volviendo al documental. Los chicos dicen no haber oído nunca quejas de los vecino de las zonas por las que se pasean por culpa del ruido que hacen cuando se pasean en grupo haciendo sonar por turnos -normalmente ritmos caribeños- sus equipos. Parece que la gente en Queens está especialmente acostumbrada al ruido, lo aceptan y hasta lo celebran. No como en otras partes de Norteamérica.
