Desde la pasada primavera sabemos que el próximo trabajo de Enrique Bunbury -el primero con nuevo material de estudio que firma en solitario en los últimos cuatro años- se llamará “Hellville de Lux”, mismo nombre con el que hace tiempo el zaragozano decidió bautizar la casa-estudio de grabación que tiene en el Puerto de Santa María (Cadiz). Aún quedan un par de semanas para que llegue la fecha de su edición oficial, pero “Hellville de Lux” ya empieza a hacer ruido.
Hace apenas diez días que Bunbury estrenaba “El hombre delgado que no flaqueará jamas” como temas de presentación de su nuevo álbum y, Quico Alsedo y su blog musical de El Mundo mediante ya ha estallado la polémica. Alsedo dedicó uno de sus post a señalar las extrañas coincidencias entre algunas de las frases que se enuncian en el nuevo single del ex Héroes del Silencio y los versos del poeta Pedro Casariego Córdoba, fallecido -suicidio- en 1993 a la edad de 38 años.
Parece quedar claro que Bunbury se ha apropiado de sentencias del poeta sin mencionar para nada su autoría o pedir los correspondientes permisos, y los familiares de Casariego se han declarrado muy sorprendidos por el hecho de que el músico no cite el origen de sus fuentes. Bunbury respondió de inmediato a través de su sitio web colgando un comunicado que reproduzco en parte a continuación:
“Ante las inadecuadas palabras escritas contra mi persona y mi trabajo los últimos días, me he visto en la necesidad de corresponder con mi punto de vista, que creo, es el de muchos creadores en diferentes ámbitos de la cultura.
Soy consciente del mundo en el que vivimos, y no es la primera vez que, tristemente veo como medios de comunicación se entusiasman ante la noticia de que me bajo de un escenario, después de ignorar (tantas veces) las dos mil que me he subido en mi vida o los más de veinte discos que he publicado; o que se frotan las manos cuando un colega (vuestro, no mío) dice en un artículo, que dicen que alguien oyó. Triste, pero cierto.
No voy a negar que haya utilizado dos frases de Casariego (grandísimo poeta, por cierto) extraídas de dos poemarios. Igual que utilizo mi libreta para apuntar comentarios realizados a altas horas de la noche, frases de Humphrey Bogart en películas de cine negro, extractos de la sección de sucesos, titulares simpáticos de periódicos económicos, conversaciones privadas o panfletos publicitarios.
A lo largo de la historia de la música popular, grandes y desconocidos escritores de canciones han realizado prácticas similares recogiendo frases de canciones tradicionales y realizando nuevas y muy diferentes creaciones. El folk, el blues, el country esta impregnado de esa costumbre y nos han dado placer para nuestros oídos a lo largo de los últimos cien años. Posteriormente, artistas como (y me parece mal citarlos, pero hay libros enteros dedicados a señalar de dónde vienen sus mejores canciones) Dylan, Cohen, *Lennon, Van Morrison, han utilizado libros sagrados como la Biblia, la Kábala, el I Ching, el Tao Te king, o a poetas incuestionables como T.S. Elliot, Dylan Thomas, Edgar Allan Poe, Shakaspeare… o la prensa diaria para contarnos sus inquietudes y crear sus canciones
Supongo que muchos de los que han escrito y divulgado las acusaciones ni han escuchado El hombre delgado que no flaqueará jamás, ni han leído a Casariego. Si me equivoco, sinceramente, no lo entiendo: La canción dura siete minutos, tiene seis largas estrofas y dos estribillos (sobra decir que tiene acordes y melodía). Dos frases no hacen un plagio. Pregunten. Si alguien está convencido de que no es como aquí afirmo, nos vemos en los tribunales. Mientras tanto espero que si tienen algo que publicar en torno a este tema, sean estas líneas, y no: dicen, que dice, que oyó”.
Ayer mismo se estrenaba en la web del cantante el vídeo de “El hombre delgado que no flaqueará jamás”. Se trata de un coortometraje de algo menos de siete minutos de duración rodado en el desierto de Salton Lake (California) bajo la dirección del realizador francés Edouard Salier en clave de road movie de pesadilla cargada de violencia explícita y sangre.
