Ayer fue el concierto de los Hermanos Dalton en el Galileo o la Galileo o como se diga. Nunca había estado en este sitio pero estaba advertido del rollo mesitas, y como iba a mi bola pues tampoco me molesté en reservar (hay que reservar, ¿no?); me coloqué justo en las escaleras a la altura de la mesa de sonido, así que sitio inmejorable.
El sonido im-presionante, al principio un poco raro eso de la gente coreando los temas clásicos estando sentados, pero luego algunos se iban animando y levantando. El concierto duró apenas una hora y media con las paraditas para los bises incluidas; no sé por qué pero yo esperaba que tocasen mucho más, aunque con su repertorio dos horas también se hubiesen quedado cortas. Es lo que pasa cuando la mayoría de las canciones de un grupo son pequeños himnos. Pero da igual: sabía que iba a ser genial y así fue, con todo el mundo muy entregado y el grupo disfrutando.
Tocaron 5 o 6 canciones nuevas, con muchas ganas de enseñarlas y encantados de estar tocando y agradecidos.
Además de los tres hermanos originales, llevan a otro guitarrista y a Antonio de Champagne que alternaba teclados con una acústica. Al final del concierto se quedaron los tres solos para tocar tres clásicos.
En definitiva que yo me quedé con ganas de mucho más, lo que un crítico de rock profesional diría que es bueno (no se si el rock es profesional y o si lo es el crítico). Y llegué a casa con la intención de ponerme todos sus discos, pero me tuve que ir a dormir, porque con el caos que tengo aquí solo he encontrado el Crash.
