En sus diferentes etapas, con sus diferentes formaciones (al menos una docena de músicos han pasado por sus filas), los Protones han sido siempre uno de mis grupos españoles favoritos, y he de decir que aunque no hubieran tenido nada que ver con Rock Indiana lo habrían sido igualmente. El hecho de haber mantenido –y mantener felizmente aún- una estrecha relación personal con ellos no ha hecho, es cierto, sino reforzar mi inquebrantable filia a la enorme pegada de sus canciones, a sus guitarras coloristas y sus estribillos demoledores. Pero me declaro seguidor de la banda desde el primer día en que los vi actuar en el Siroco madrileño, una calurosa noche del verano del 93, guiado por la recomendación de un amigo. De hecho, fui monaguillo mucho antes que fraile, deslumbrado fan antes que, ejem, ¿productor discográfico?, y es casi seguro que no habría Rock Indiana si no hubiera habido Protones.
A propósito de la inminente edición de dos nuevos discos recopilatorios (“Nuclear days – The best of the Protones” y “Nuclear waste – The rest of the Protones”, el primero, de éxitos que no lo fueron más que para unos pocos; el segundo de rarezas y versiones) ha sido un placer recuperar sus discos, comprobar, una vez más, que se trata de un grupo fabuloso y que sus canciones palpitan ahora mismo con la misma intensidad con la que lo hacían en su día.
Los Protones vuelven a actuar en directo el próximo sábado 24 de enero, justo cuando se cumplen quince años desde su primera actuación en el mismo local, en la fiesta de presentación de su primer Ep, que acompañaba, por cierto, al número 0 del fanzine Rock Indiana.
Una ocasión que espero con verdaderas ganas, con sensaciones muy parecidas a las que me causaron el año pasado los conciertos de los Godfathers, los Psychedelic Furs y, sobre todo, los Hoodoo Gurus, o las que me provoca también la inminente actuación de los Smithereens.
