
Tras "Drinking Songs" (2005) y "Failing Songs" (2006), Matt Elliott cierra con "Howling Songs" una desolada "trilogía de las canciones" que en cada uno de sus capítulos se ha ido arrimando de manera cada vez más notoria a las musicas balcánicas y al folclore mediterráneo.
Lejos de la desesperación y el pesimismo que emanaba de "Failing Songs", "Howling Songs" es una colección de lamentos más íntimos, más privados, en los que un mayor abanico de emociones son expuestas de forma menos doliente, como lo haría quien canta para uno mismo cuando necesita oírse en voz alta pero no necesariamente ser escuchado.
Por un lado uno tiene la sensación de estar ante la obra más personal y madura de un Matt Elliott que parece sentirse más cómodo que nunca jugando a expresar a través de su voz. Por otro, "Howling Songs" es un trabajo que, por primera vez, en lo musical, sitúa a Elliott al borde de caer en un peligroso formulismo. Y eso a pesar de que, rompiendo parcialmente con su espíritu d.i.y., por primera vez Elliott decidió acudir a un estudio profesional para resgistrar con ayuda de Nicholas Dick unas canciones más abiertas que nunca a la improvisación tanto propia como del resto de músicos que participaron en las sesiones de grabación del álbum. A pesar de esa libertad para la improvisación, prácticamente todas las canciones están cortadas por el mismo patrón, divididas en dos o tres secciones claramente diferenciadas: comienzo susurrante y acústico con regusto a música tradicional que tarde o temprano se rompe en una más o menos agresiva nebulosa de ruido y tensión electríca.
Resulta significativo del desdén que gasta Elliott hacia la fórmula pop el hecho de atreverse a abrir su disco con "The Kübler-Ross Model", un tema de más de once minutos por el que desfilan brisas mediterráneas, ecos gitanos y resonancias de raíz eslava antes de llegar la tormenta eléctrica.
"Something About Ghost" podría caber con holgura en el cancionero más joven del gran Leonard Cohen, mientras que la breve "How Much In Blood", con su aire ligero a café francés en horas de closing time parece funcionar como mera introducción de "A Broken Flamenco", uno de los momentos más emotivos y víscerales del álbum, que, a pesar del título, de flamenco tiene más bien nada.
El disco sigue su curso entre evocaciones balcánicas hasta que en "The Howling Song" se invierte el modelo. La canción se abre encendida, tormentosa y doliente, envuelta en lamentos y ruido, para acabar templada por el rasgeo de unas guitarras afligidas.
El disco se cierra con "Bomb The Exchange" en uno de sus puntos álgidos. Atendiendo a su letra ("When all your memories are sad, forgotten the dreams that you had, friends are a lie who don´t care if you live or die. What you do but crying"), la canción podría entenderse como un cínico ejercicio de autocrítica hacía la visión derrotista y resignada del autor, aunque el tema parezca encontrar parte de su inspiración en un hecho histórico: el atentado que hace cosa de 88 años perpetró un grupo de anarquistas italo-americanos contra el edificio del J.P. Morgan & Co en pleno Wall Street. "If you’ll top yourself anyway / Why not bomb the stock exchange?".
Siendo un disco que sorprende menos que sus predecesores, uno cree que "Howling Songs" encierra algunas de las canciones más clásicas escritas por Matt Elliott hasta el momento, esas que nos seguirá apeteciendo recuperar a pesar del siempre destructor paso del tiempo.
