Llega mayo, tiempo de reconstrucción, de pintar paredes, de volverán las oscuras golondrinas, etc. Unos cambian las carteras de los ministros/as para ver si suena la flauta; otros, nos limitamos a cambiar los sonidos que salen de nuestro tocadiscos, algo muchísimo más importante y, sobre todo, mucho más útil y efectivo.
He escogido una novedad discográfica que es píldora de optimismo para afrontar con fuerza y buen humor la astenia primaveral.

El disco es toda una sorpresa firmada por un personaje de difícil clasificación que atiende al nombre de Dent May & his Magnificent Ukulele. En "The Good Feeling Music..." uno se encuentra con una personalísima mezcla de sonidos poco rescatados en las últimas décadas, desde el easy listening, los toques hawaianos, el soul de domingo en el parque de los primeros sesenta o los guiños a los cryers y los dreamers del rythm & blues de los cincuenta, todo en una coctelera muy bien dosificada para ser tomado como un dry Martini de esos que Buñuel decía que ponían en el Chicote de la Gran Vía y a los que bautizó como "la santísima trinidad".

Mucho lalálala lálalala y shubidubi dubidubidá, para lamentar ser un Buddy Holly que no se come un rosco. En otras décadas ha funcionado, las chicas gritaban histéricas a Sam Cooke, a Frank Sinatra, a Buddy Holly, a Harry Belafonte. ¿Pasará lo mismo con Dent May? Es poco probable, pero es divertido imaginarlo.
El disco tiene el sentido del humor de un Randy Newman y el minimalismo de un Jonathan Richman, el toque barriobajero de un Billy Bragg, y melodías tan simples que hasta recuerdan al "Bright Eyes" de Art Garfunkel, como en la expléndida "Howard". Una apuesta arriesgada.
No recuerdo qué actor de los grandes grabó un disco hawaiano... ¿Marlon Brando? Pues esta sería la ironía, que Elvis u otro mito viviente se salga del tiesto con un disco basura queda hasta "chic", pero que Dent May, un don nadie, se convierta en estrella con estilos desahuciados y supuestamente de desecho en la era de la información y las telecomunicaciones, sería lo más quijotesco que uno haya visto en mucho tiempo.

El disco será todo lo anacrónico que tú quieras, pero resulta delicioso, como el dry Martini ay!, del Chicote.
