Yo me pensé muy mucho si ir, porque me tiene muy decepcionada el panorama indie nacional últimamente (por no hablar de lo mal que huele eso de que este año en todos los festivales actúen los mismos grupos, ejem), pero bueno, eso es algo de lo que tal vez hable otro día; el caso es que un domingo no hay muchas más cosas que hacer, así que a las cinco de la tarde, con la fresquita, allí estuvo una servidora con un par de amigos. Nada más llegar nos metimos en la nave; no sabíamos qué había allí, pero la gente entraba, y había que huir del calorazo como fuera. Dentro nos encontramos un escenario y unos cuantos puestos y stands de discográficas nacionales y de festivales veraniegos. También había una zona con exposición de fotos de los grupos que actuaban y de carteles del Día de la Música. El caso es que dentro de la nave no hacía menos calor que en la calle, pero al menos te podías sentar en el suelo, como hacía la mayoría de la gente. Entre lo que se veía por allí se distinguía desde el previsible moderneo autóctono hasta alguna que otra alma perdida (viejecitos, punkis, chicas discotequeras que bailaban Nudozurdo igual que el reggaeton…), con eso de que era gratis. El primer grupo que vimos tocar fue Nudozurdo (y no Nodozurdo, como ponía sobre el escenario durante los primeros minutos, hasta que lo corrigieron). Como músicos, malos no eran, pero tampoco fui capaz de distinguirlos de cualquier otro cuarteto (voz, guitarra/s, bajo y batería) de pop-rock alternativo español. Después oímos anunciar la entrada en el escenario de Julio de la Rosa, y yo corrí hacia allá para no perderme a este buen señor, que es de los pocos que, en estos malos tiempos que corren, todavía pretende y sabe hacer algo diferente en vez de rendirse al mainstream para llenarse los bolsillos y que su nombre luzca en todos los carteles veraniegos. Parecía que me iba animando más al oír sus canciones y las de El Hombre Burbuja, pero cuál fue mi sorpresa cuando, después de la cuarta canción, se despidió del público. En fin, eran muchos grupos los que tenían que tocar y traté de comprender la falta de tiempo, pero aun así decepcionó bastante. El puntazo de la tarde fue cuando aparecieron Extraperlo con sus guitarricas hawaianas y ritmos tropicales a lo Vampire Weekend. Nunca les había escuchado, pero me llevé una muy grata sorpresa con ellos. El público bailó y se divirtió a lo grande, eso sí, sin dejar de abanicarse con los programas del festival. La última canción fue Del montón, de Sr. Chinarro, tocada por ellos y cantada por Julio de la Rosa. ¿Sinceramente? No me gustó. Con lo animada que es la original, ellos la hicieron bastante lenta; además, Julio y Extraperlo son buenos cada uno a su modo, pero la musiquita playera no pega demasiado con la voz de cantautor. Después vimos a Mendetz (de nuevo al empezar había una errata sobre el escenario: ponía Mendez). A pesar de que las primeras canciones -según dicen los que ya les habían escuchado antes- sonaron bastante más flojas que en el disco, la verdad es que estuvieron muy bien y bastante divertidos; casi me atrevería a decir que estos chicos son una especie de versión española de Digitalism. Esta vez el concierto duró nada menos que hora y cuarto, incluyendo bises. No parece muy justo que unos grupos toquen apenas 15 minutos y otros hora y cuarto, pero bueno. Creo que la mayoría de la gente estábamos deseando que ya terminaran y poder salir de allí, porque aunque los pobres Mendetz lo estaban haciendo de maravilla, el calor y la sensación de ahogo ya eran exagerados allí dentro. Hacia el final, se unieron a Dorian para hacer una estupenda versión de First of the gang to die, de Morrissey, llevada a su estilo; ésta sí que no decepcionó, desde luego. Cuando Mendetz -¡por fin!- acabaron, salimos de allí en busca de un poco de aire respirable y una botella de agua a precio digno. Mi conclusión es que, aunque de una forma mucho más modesta, el Día de la Música del año pasado estuvo mucho mejor montado. Hubo menos grupos, pero más calidad (la esperadísima reunión del Hombre Burbuja y la buena apuesta internacional con Futureheads). Además fue todo al aire libre, en una plaza con sitios donde sentarse, y a una hora razonable. El tema que este año hubiera barras de Heineken, stands, exposiciones y demás pijadas estuvo muy bien, sí, pero en mi opinión no eran más que adornos.
