El otro día me enteré de que uno de mis dioses, Richard Melville Hall, más conocido como Moby, había sacado un nuevo disco titulado Wait for me. Lo malo es que tuve la desventura de recibir la noticia a través de una crítica nefasta sobre dicho álbum, que estaba escrita por un sujeto X en una revista a la que llamaremos X y que yo tenía en bastante estima. Lo calificaba de “ambient empalagoso” y muchas más cosas peores, que resumiendo un poco venían a decir que era una aburrida baratija pretenciosa. Y con toda la soberbia y el desdén del mundo, que lo decía, además. Le di el voto de confianza en un principio, y me supo un poco mal ver que un artista que hasta ahora había sido tan grande había caído, como tantos otros. Pero … ¡ah! ¡lagarto, lagarto! Al final de la crítica se le vio el plumero a ese infame, que se ponía a despreciar todos los anteriores trabajos de Moby (¡incluso Hotel y Play!). Así que ya ví que aquí el hermoso que había escrito eso era uno de estos que van de perdonavidas musicales y listillos sin tener ni pajolera idea. En ese momento, esa crítica despertó todo mi escepticismo, y puse a descargar el álbum mientras meditaba sobre los pájaros que pueden llegar a tener algunos en la cabeza.
Cuál fue mi sorpresa al ponerme a escuchar Wait for me. En este disco, que según el propio Moby ha sido grabado en casa, en un ambiente familiar y pretendiendo hacer algo íntimo sin preocuparse por si gusta o no en el mercado (claro, que también es fácil decir eso cuando eres un artista consagrado que vende varios millones de copias de cada álbum que lanza), prescinde tanto del pop con el que había coqueteado alguna vez como de ese ambiente discotequero y no muy convincente que impregnaba su anterior trabajo, Last night. Nadie es tan capaz como este neoyorquino de hacer de la música electrónica algo tan humanizado, y Wait for me es precisamente eso: una constante y leve atmósfera de ambient claramente sintética pero hondamente perfumada de sentimiento. En él abundan las letras profundamente tristes, de desolación -algo bastante frecuente en Moby-, en medio de un ambiente de sonido etéreo, acuático, frágil. Como es en él habitual, algunas canciones son sin letra, y otras son interpretadas por voces (a veces masculinas y a veces femeninas) con aire soul, que en este caso son las de algunos amigos suyos; cantantes poco conocidos fuera de su propia ciudad, según indica en su blog el artista.
Entre las canciones de este disco, yo destacaría la homónima Wait for me, que reúne todas las características citadas anteriormente e invita a flotar entre las suaves voces, los teclados y los samplers de violín. También Study war, que es como una mezcla de la música de Porcelain con una voz negra en prosa que recuerda a alguna canción de Anthony and the Johnsons. En Mistake se puede escuchar la voz del músico, tan corriente como encantadora, interpretando una triste letra entre guitarras y baterías que hacen que suene todo menos electrónico. Éstos han sido unos cuantos ejemplos, pero la verdad es que casi podría hacer una descripción con valoración positivísima de cada uno de los temas que contiene este genial disco, ideal para escuchar uno a solas con sus recuerdos y cavilaciones.
Todos sabemos que los gustos y las opiniones son algo tan subjetivo que uno no puede fiarse de la valoración que pueda hacer otro, pero digo yo que, gustos personales aparte, el saber reconocer la calidad de un trabajo es fundamental para dedicarse a esto, ¿no? Por mucho que a veces nos sintamos en la tentación (y muchos, de hecho, caen en ella) de despreciar las cosas sin ton ni son con el único objetivo de ponernos nosotros por encima y lucirnos con altanera retórica. Lo mejor, juzgar uno mismo. Por eso, no te fíes de mis elogios y deja que sean tus oídos los que escuchen lo último de este maestro (vídeo dirigido, además, por David Lynch):
