Ubicados dentro del underground más hiriente y cínico que parece que se ha instalado para quedarse en el panorama musical español, Tarántula nos presentan su segundo disco, "Humildad trascendental", donde dejan un poco de lado lo electrónico de "Esperando a Ramón", para bajo términos más roquistas atiborrarnos de himnos de estercolero -tan himnos como los demás-, payasadas varias y unas cuantas canciones.
Tarántula disparan a todos lados, sin dejar ningún blanco libre, apoyándose en el tecnocutre de los ochenta, como en El mítico culo, donde tiran salvajemente contra los artistas un poco a la manera futurista "la policía sí que es arte", logrando uno de los mejores momentos del disco. En la otra cara, Es un soñador, donde bajo el aor más descarado y un estribillo que pone los pelos de punta "libertad para la razón" sonrojan al más pintado, casi como en La Oreja, donde llevan su música por el lado más verbenero (y fallido) de Corcobado.
El disco, no obstante, tiene muchas canciones vestidas de pop, como El día que la Tierra, grande en su sencillez sci-fi, o la magnífica El Murciélago, casi de crooner setentero ¿Bruno Lomas?, vertiente tarantulera que se ve confirmada con la versión de Danny Daniel (Danny & Donna) de su clásico El vals de las mariposas, extremos a los que solamente Víctor Coyote podía llegar.
A Tarántula y su "Humildad trascendental" solamente se les puede dar el calificativo que tan acertadamente dio Rocío Jurado -la más grande- a los periodistas, "sois destructores".