Me gusta Quique González, a pesar de estar a veces muy cerca de la frontera de lo que no me gusta. De hecho, estoy seguro de que hay muchos rockeros de pro que bendicen, por ejemplo, a Tom Petty pero no tragan al madrileño por flirtear con un sonido y unas letras más o menos “mainstream”.
Ya, pero hace muy buenas canciones. Había una estupenda en su primer disco, “Personal”. El segundo, “Salitre 48”, me enganchó durante una buena temporada. No es uno de esos discos que escuchas y te parece que están bien, sino que se coló entre mis favoritos (algún día le preguntaré, si tengo ocasión, si la preciosa “La Ciudad del Viento” está en alguna medida inspirada por un tema de Slaid Cleaves, al que me recuerda mucho. El tal Cleaves, por cierto, es un más que recomendable cantautor eléctrico de Austin. Tomen nota).
Algunas de las letras me seguían chirriando un poco, pero el disco me sigue pareciendo realmente bueno. Los dos siguientes están bien, aunque no me han atraído tanto como para meterme de lleno en ellos, cosa que sí estoy empezando a hacer con La Noche americana. Este último disco suena especialmente bien y tiene muy buenas canciones. Además, él me cae bien.
Me gusta que haya pasado de una posición más o menos confortable en una multinacional y se autoedite sus discos, y por cierto, me encanta que la jugada le haya salido bastante bien (vende muy razonablemente y tiene muchos y bien pagados bolos). Solo le pediría que no cante como si le estuviera prohibido separar los dientes…
